Vincent van Gogh, una biografía de claroscuros

DOCU_GRUPO A handout photograph shows Self-portrait, by Vincent van Gogh

(30 marzo 1853, Zundert, Países Bajos – 29 julio 1890, Auvers-sur-Oise, Francia)

En sus últimos dos meses de vida, Vincent van Gogh produjo 80 cuadros y 60 dibujos. Se encontraba agobiado por la estrechez económica y una salud cada vez más precaria, a lo cual se sumaban ataques alucinatorios. Se sentía extremadamente solo y temía que su hermano Theodorus también se alejara y le suspendiera la manutención que le había brindado durante una década. Vincent había llegado a la conclusión de que nunca podría tener éxito como pintor. “Dejando a un lado toda ambición, nunca dejaré de ser un aficionado”, escribió en una carta a Theo. También se lamentó de ser “demasiado viejo” para aprender otro oficio. Era el mes de julio de 1890, tenía 37 años y estaba a unos días de morir.

En ese momento nadie imaginaba que en las siguientes décadas sus cuadros estarían entre los más cotizados en el mercado del arte.

El holandés Vincent van Gogh se entregó a la producción pictórica de 1880 a 1890. En ese decenio creó una obra vasta y vibrante. Su paleta de colores evolucionó hasta alcanzar un cromatismo intenso, donde se mezclaban y contrastaban colores puros con la intención de proyectar las sensaciones del momento, pero también de generar nuevas emociones. Con pinceladas rápidas y enérgicas impregnaba movimiento a la imagen. Fue un infatigable experimentador en busca de “colores sugestivos”, idóneos para expresar “la agitación de un ardiente sentimiento”.

El propio Van Gogh lo explicaba así, para el tema afectivo: “El amor de dos personas que se quieren debe expresarse mediante el maridaje de dos colores complementarios, mediante su mezcla e integración y mediante la misteriosa vibración de los tonos afines”.

Esa experimentación cromática podía trasladarse a todos los temas: “Quiero darte un ejemplo. Quiero hacer un retrato de un amigo, de un artista que sueña grandes sueños. Este hombre será rubio. Quisiera pintar en el cuadro toda la admiración, todo el amor que siento por él. Para empezar, pues, lo pintaré tal como es, tan fielmente como me sea posible. Pero con eso no está terminado el cuadro. Para completarlo me convertiré ahora en colorista arbitrario. Exagero el rubio del cabello: llego a tonos naranja, a un amarillo cromo, a un claro color limón. Detrás de la cabeza pinto el infinito –en lugar de la pared habitual de una pieza vulgar-. Hago un fondo con el azul más fuerte que puedo producir. Y así la rubia cabeza luminosa, sobre el fondo azul opulento, adquiere un efecto místico, como la estrella en el profundo cielo…” (Documentos para la comprensión del arte moderno, de W. Hess).

Van-Gogh_Midday

La leyenda maldita
La fama póstuma de Van Gogh se debió a la calidad que alcanzó su obra pictórica, aderezada con la leyenda maldita: era un desequilibrado mental que se cortó una oreja para entregarla a una mujer como prueba de amor.

En realidad solamente fue el lóbulo, y con el tiempo han crecido las dudas acerca de que el daño fuera autoinfligido.

La versión oficial del incidente se basó en el relato de Paul Gauguin, tras ser detenido como presunto responsable de la herida mientras Van Gogh estaba hospitalizado en el pueblo francés de Arlés, donde ambos compartían una casa-estudio. Gauguin explicó que había salido a caminar tras una discusión con Vincent que terminó en golpes y éste, en un arrebato de ira, le había seguido secretamente con una navaja de barbería. Al ser descubierto, la frustración de Vincent fue extrema: volvió a la casa y se cortó el lóbulo de la oreja derecha. Lo envolvió en un pañuelo y se lo llevó a una prostituta.

Vincent no desmintió el relato, que se convirtió en un escándalo local y, al paso del tiempo, configuró una parte relevante de la historia maldita del pintor.

Si bien se sabía que las fuertes discusiones entre los pintores solían trasladarse a espacios públicos donde eventualmente se desafiaban de distintas maneras, un siglo después los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans encontraron otra explicación al incidente referido. Luego de estudiar durante diez años la investigación policial, las contradictorias declaraciones, los archivos municipales y la correspondencia entre ambos artistas, concluyeron que fue Gauguin, experto en esgrima, quien le cortó la oreja a Vincent con un sable, a la entrada de un prostíbulo. Así lo plantearon en el libro Van Gogh’s ear: Paul Gauguin and the pact of silence, que publicaron en 2009. Lo que no pudieron determinar fue si la herida había sido accidental o intencional.

El origen de la disputa fue el interés de ambos artistas por una prostituta llamada Raquel, quien recibió horrorizada el lóbulo ensangrentado que Vincent le obsequió como gesto amoroso.

Aprendizaje y experimentación
Vincent Van Gogh pasó por un arduo entrenamiento acerca de las tendencias del mercado del arte (1869-1876); practicó el dibujo como aficionado (1874-1880); tuvo una intensa formación como artista, sobre todo en forma autodidacta (1880-1886); perfeccionó su estilo (1886-1888), y alcanzó plena madurez (1888-1890).

Nociones. Vincent van Gogh tuvo su primer conocimiento de la plástica en la escuela secundaria. Su maestro de dibujo fue Constantijn C. Huysmans, un prestigiado pintor que insistía en efectuar una “aproximación sistemática” al tema que se deseaba plasmar. Posteriormente y sin pretensiones artísticas, Van Gogh recurrió al dibujo para recrear la dura vida de mineros y campesinos.

En 1880, tras varios fracasos laborales, Theo lo convenció de dedicarse a la pintura al óleo y ofreció ayudarle en sus gastos. Vincent decidió entregarle sus cuadros a Theo, para que él los comercializara.

Bruselas. Por sugerencia de su hermano Theo y del pintor holandés Willem Roeloff, asistió a cursos de dibujo con modelos en la Academia Real de Arte. Ahí aprendió anatomía y las reglas de la proporción, de la perspectiva, de la luz y la sombra. Al principio, Vincent siguió la tradición de copiar obras de artistas reconocidos, como las de Jean-Francoise Millet.

Van_Gogh_Worn_Out_1882

La Haya. Durante 1882, su estilo de dibujo evolucionó de la reproducción fiel hacia un estilo expresivo, que intentaba mostrar sus sentimientos hacia el tema elegido. Comenzó a crear pequeñas historias que mostraban vínculos emocionales entre los elementos. Compartió y denunció (a su manera) la miseria de la gente sencilla, su resignación, su entorno.

En la primera etapa, siguiendo a su maestro Anton Mauve, empleó tonos terrosos que llegaban al marrón oscuro. Su paleta aún no estallaba con los colores brillantes.

Nuenen. En 1884, estudió distintas teorías sobre el color. Comenzó a experimentar con el uso de colores que no eran estrictamente “realistas”, intentando enfatizar los sentimientos. Al año siguiente pasó una temporada en Brabante. Ahí pintó retratos de campesinos, a los que pagaba por posar, hasta que el párroco prohibió esta práctica. Van Gogh optó por pintar naturalezas muertas.

En 1885 creó su primera obra relevante: Los comedores de patatas, donde exploró combinaciones cromáticas que transmitieran lobreguez, al grado que los rostros parecían “patatas polvorientas y sin mondar”. Tras realizar varios bocetos y estudios, Vincent ejecutó el cuadro con pinceladas rápidas y toscas. En su momento, este cuadro no tuvo comentarios favorables.

Van-Gogh_Los-comedores-de-patatas

Amberes. Aquí pintó y estudió, de noviembre de 1885 a marzo de 1986. Analizó el tratamiento del color en la obra de Peter Paul Rubens. Tomó clases de pintura y dibujo en la Academia de Amberes, pero su estilo chocó con los métodos académicos. En su paleta, aclaró los colores que venía usando, tanto en retratos como en escenas de la ciudad. Ante limitaciones económicas y problemas de salud, decidió viajar a París.

Van-Gogh_the-hill-of-montmartre_1886

París. Durante tres meses vivió en la estrecha vivienda de su hermano Theo, hasta que éste consiguió una casa en Montmartre. Vincent asistió por cuatro meses a la progresista escuela de arte de Fernand Cormon. Ahí conoció a Henri Toulouse-Lautrec, Louis Anquetin y Émile Bernard.

A través de Theo conoció a los grandes impresionistas, como Camille Pissarro, Claude Monet (le entusiasmaban sus paisajes), Edgar Degas y Georges Seurat. De este último le atrajo el puntillismo como concepto para desarrollar un estilo de colores intensos aplicados con pinceladas anchas, pastosas. La armonía pasó a segundo plano, lo que más le interesaba era representar sus sentimientos a través del color. Si bien siguió planeando meticulosamente la composición de sus cuadros, logró un poderoso efecto de frescura al ejecutarlos con rapidez. También comenzó a probar insólitos ángulos de visión y perspectivas acentuadas.

Ya eran los años del periodo “postimpresionista”, en el que se ubicó a Vincent junto con Toulouse-Lautrec, Anquetin, Bernard, John Russel y Archibald Hartrick. También se incluyó a Paul Gauguin, de quien Van Gogh admiraba su pintura enérgica y rítmica.

Van_Gogh_Yellow_House

Arlés. Vincent quería vivir en plena naturaleza; necesitaba “más color y más sol”. En febrero de 1888 se trasladó a Provenza, región que vivía un declive económico y que no había sido plasmada por ningún pintor de renombre. De inmediato, comenzó a trabajar en las márgenes del río Ródano, en las vastas zonas de cultivo y en naturalezas muertas. “Estoy poseído por una auténtica furia creativa”, escribió a Theo, describiéndole “un sol más intenso” y “una luz diferente”.

Aunque en mayo alquiló la “Casa Amarilla” en la Place Lamartine, no pudo ocuparla hasta septiembre por falta de dinero para adquirir mobiliario. Ahí instaló un estudio, acondicionó espacio para visitas y adornó “las blancas paredes con girasoles grandes de color amarillo”. “Cuando alguien venga, lo alojaré en la habitación más hermosa de todas”, escribió, pensando en Theo o en Gauguin, con quien había tenido escaso trato en París.

Pero París era la cuna del vanguardismo y los pintores no deseaban pasar una temporada en el pequeño poblado de Arlés. Una de las escasas visitas fue de Paul Signac, quien se sorprendió con los girasoles de Van Gogh: “Pude ver los magníficos cuadros. ¡Imagínese el esplendor de esas paredes blanqueadas sobre las que destacaba toda la viveza de los colores!”

Van-Gogh_Arles

Van Gogh perfeccionó el uso de pinceladas gruesas, rápidas, enérgicas, usando colores contundentes y creando intensos contrastes entre colores primarios y complementarios. “Fue el primer pintor que plasmó la belleza angulosa de los surcos del arado y los campos de cereales. Hasta entonces, muy pocos dibujantes habían osado otorgar tal protagonismo al sol resplandeciente”, escribió Dieter Beaujean (Vincent Van Gogh, vida y obra).

Vincent pintaba frenéticamente, a pesar del cansancio crónico y la agobiante soledad. Trabajaba al aire libre todo el día; intentaba concluir cada cuadro en un solo día. A veces, la jornada no terminaba al atardecer. “Me divierto mucho pintando de noche sobre el terreno”.

Para descansar, viajó al pueblo de pescadores Les-Saintes-Maries-de-la-Mer, donde elaboró dos marinas y una vista del pueblo, así como estudios y dibujos. Ahí le fascinó el color del agua: “es cambiante y nunca se sabe si es verde, violeta o azul, puesto que al cabo de un segundo resplandece con un color rosa o gris”, explicó a Theo.

La búsqueda cromática de Van Gogh tuvo en Arlés un salto conceptual: se planteó que los colores expresaran algo por sí mismos. “El pintor del futuro será un colorista como nunca antes se ha visto”.

Van-Gogh_sunflowers

La fallida colaboración con Gauguin
A la insistencia de Vincent para que pasara una temporada en la Casa Amarilla, Gauguin respondió con cautela. Accedió tras negociar con Theo una ayuda económica durante su estancia en Arlés, el compromiso de vender su obra en la galería Goupil de París (a cargo de Theo) y reunirle el dinero necesario para que pudiera realizar su segundo viaje a la isla Martinica.

Con esas condiciones, Gauguin llegó a Arlés el 23 de octubre de 1888 y justo dos meses después abandonaría el pueblo por el escándalo de la oreja cercenada.

Al principio hubo armonía. Trabajaban temas similares, intercambiaban puntos de vista, salían a cafés nocturnos. Pero no tardaron en surgir fricciones que se agudizaron por el carácter testarudo de ambos pintores. Cada uno intentaba influir en el otro. Al final, las discusiones, el alcohol y la violencia física hicieron imposible la convivencia que desembocó en los sangrientos hechos antes descritos.

El 25 de diciembre Gauguin dejó Arlés mientras Van Gogh permanecía hospitalizado. Al volver a su casa, Vincent pintó un autorretrato donde aparecía sin barba, con su cabeza vendada y usando un gorro cosaco.

Comenzó a padecer alucinaciones visuales y acústicas. Nuevamente fue hospitalizado. Temerosos, los vecinos de la Place Lamartine pidieron al alcalde de Arlés que “el loco del pelo rojo” fuera internado en un manicomio.

Internamiento voluntario
Por voluntad propia, Vincent se recluyó en un sanatorio para enfermos mentales en Saint-Paul-de-Mausole. Se agudizó su sensación de soledad. Decidió automedicarse con trabajo, para que Theo no le suspendiera la ayuda económica.

Comenzó a realizar interpretaciones de la obra de otros artistas. “Pongo frente a mí el grabado en blanco y negro de Delacroix o Millet, o la reproducción en blanco y negro de sus motivos y, entonces, improviso sobre el mismo tema en color […] Trato de plasmar recuerdos de sus cuadros. Y este recuerdo, la relación aproximada e intuitiva de los colores constituye mi interpretación personal”, escribió a Theo.

Declaró especial admiración por Rembrandt, quien –dijo- pintaba con la imaginación, sentía los motivos, y por Delacroix, que logró usar el color como recurso expresivo.

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Una vida solitaria
El drama de Van Gogh fue tener un temperamento volátil y una conducta impredecible, incluso con rasgos misantrópicos, pero al mismo tiempo anhelaba la convivencia cercana con su familia y con otros artistas. Esa volubilidad terminó por aislarlo hasta un punto que le resultó insoportable.

Desde el principio, parecía marcado. Vio la luz justo un año después de que naciera muerto uno de sus hermanos y le asignaron el nombre del difunto: Vincent Willem.

Con la intención de que aprendiera el oficio de corredor de arte, sus padres consiguieron trabajo a los 16 años en las galerías Goupil. Durante siete años, Vincent aprendió todo sobre las tendencias artísticas y terminó repudiando el comercio de obras de arte. (En contraste con su hermano menor, Theo.)

Cuando trabajaba en la galería Goupil de Londres sufrió su primera frustración amorosa. Resultó tan afectado que debieron transferirlo a la sucursal parisina. Ahí se tornó insufrible con los clientes, por lo que fue despedido.

Tampoco tuvo éxito en la carrera eclesiástica, que exploró durante un par de años. No concluyó los estudios teológicos en la Universidad de Amsterdam y su intento por ser un predicador en Bélgica fracasó debido a sus afanes de vivir tan miserablemente como su grey. La jerarquía eclesiástica rompió con él “por desprestigiar la dignidad sacerdotal”.

Cada temporada que pasó con sus padres terminó en ásperas rupturas.

En Nuenen, en 1884-85, conoció a una vecina, Margot Begemann, quizá la única mujer que se llegó a enamorar de Vincent. Pero los padres de la joven se opusieron a las intenciones matrimoniales, incluso después de que Margot intentó envenenarse.

La imposibilidad de crear una colonia de artistas en Arlés y el distanciamiento de su admirado Paul Gauguin detonaron crisis alucinatorias que convirtieron su vida en ciclos recurrentes de periodos en sanatorios, tormentosa soledad, mala salud y precariedad económica. No obstante, en ningún momento dejó de pintar o dibujar.

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Auvers-sur-Oise, escala final
En septiembre de 1889, Vincent expresó su deseo de vivir con el pintor Camille Pissarro, a quien consideraba casi un padre. Ante la tajante negativa de la esposa de Pissarro, éste propuso a Vincent ir a Auvers-sur-Oise donde podría ser atendido por el doctor Gachet y estaría cerca de París. Así lo hizo Van Gogh, en mayo de 1890.

Ahí ejecutó sobre todo retratos y paisajes. En estos últimos, los detalles cedían ante los enérgicos impulsos de color, aplicados con gruesos y vigorosos empastes.

Ofuscado por no lograr mayor cercanía con Theo, por la posibilidad de perder el apoyo económico de su hermano y tras sufrir otro ataque, el 27 de julio de 1890 Vincent tuvo un altercado con el doctor Gachet. Salió a caminar por el campo y al volver estaba herido por impacto de bala en el pecho. A la pregunta de si él mismo se había disparado respondió “Creo que sí”. Nunca se halló el arma ni se supo de dónde salió. Murió dos días después. Su hermano Theo, que lo acompañó en sus últimos momentos, murió siete meses después.

El 7 de agosto, L’Echo Pontoisien publicó la noticia local acerca del suicidio de “un tal Van Gogh, súbdito holandés, pintor”.

Poco antes, el Mercure de France había publicado un elogioso artículo de Albert Aurier sobre la obra de Vincent: “Es una lámpara de minero deslumbradora, frenética y que todo lo abarca (…) es color convertido en llama, lava y piedra preciosa; es luz convertida en incendio, es vida, fiebre ardiente”.

La otra muerte de Van Gogh
Los escritores Steven Naifeh y Gregory White Smith publicaron en 2011 Van Gogh: The Life, el producto de una década de investigación con acceso a los archivos de Museo Van Gogh, de Amsterdam. Entre los nuevos datos que aportan está una versión distinta de la muerte de Vincent.

Señalan que los adolescentes René y Gastón Secrétan veraneaban con su familia en Auvers y solían burlarse de Van Gogh. Aquel 27 de julio, René Secrétan se había disfrazado de vaquero y portaba una pistola; el pintor, al encontrarlo en el campo, le dijo que parecía Buffalo Bill. Bebieron y bromearon. Más tarde se oyó un disparo en un trigal del pueblo. Después apareció Vincent herido, dando una explicación incoherente que exculpaba a cualquier persona.

Los biógrafos dicen que Van Gogh no buscaba morir, pero tampoco rechazó su destino. Decidió no afectar a los muchachos que jugaron con torpeza y le causaron la herida fatal.

van_gogh_ L’Homme-est-en-mer_1889

Fama y riqueza… póstumas
Vincent vivió a toda prisa, como si supiera que iba a tener una breve vida. No conoció el sosiego, se entregó con pasión a su actividad; se alimentaba mal, no se atendía en forma adecuada las enfermedades ni el agotamiento psíquico.

Entre 1880 y 1890, su hermano Theo le proporcionó una modesta mensualidad y en retribución Vincent le entregó su producción pictórica: alrededor de 900 cuadros. Aunque Theo dirigía la galería Goupil en París, nunca vendió un solo cuadro de su hermano. No obstante, cada mes Vincent recibió cerca de 32 dólares (150 francos). En total durante la década: $3,840 dólares (sin contar los materiales de pintura).

Vincent murió como había vivido, casi en la miseria. Sólo había vendido tres cuadros. El mejor pagado fue La viña roja, por 400 francos ($85 dólares).

Al morir, su obra fue rápidamente revaluada y cotizada, para entrar en una curva ascendente. Un siglo después de su muerte, la presencia de alguno de sus cuadros marca el momento culminante en cualquier subasta.

En febrero de 2014, su cuadro L’Homme est en mer (de 1889, interpretación de la obra de Virginie Demont-Breton) fue subastado en 28 millones de dólares.

Entre 1987 y 1999, Los Lirios fue subastado en $49 millones de dólares; Retrato del doctor Gachet en $82.5 millones; Campo de trigo con cipreses en $57 millones: Girasoles en $36 millones; Autorretrato [sin barba] en $65 millones; Autorretrato [con oreja vendada] en $90 millones.

Vincent Van Gogh es el caso trágico de un artista que nunca encontró un asidero en la vida.

[ Gerardo Moncada ]

 

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2 Responses to Vincent van Gogh, una biografía de claroscuros

  1. Aquiles Cantarell 14 agosto, 2015 at 9:12 pm #

    Un excelente texto. Claro, concreto, profundo y muy entretenido, de fácil lectura. Imprescindible para los amantes del Vincent. Un abrazo enorme Moncada, esperamos más textos de esa pluma privilegiada.

  2. Alma Delia Mota Martínez 29 julio, 2015 at 7:24 pm #

    Gracias señor Gerardo Moncada por este artículo acerca de mi pintor preferido. Su obra valiosa en millones, se convierte en un tesoro invaluable por lo que cada cuadro que él pintaba, plasmaba más que una imagen o paisaje, su efervescente carácter y genuino sentir.

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