La La Land, de Damien Chazelle

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La La Land (Damien Chazelle, 2016) es una película que sorprende. Y entre mayor sea el prejuicio respecto a las comedias musicales, mayor será el asombro. Inicia casi como un guiño, emulando las clásicas y fastuosas producciones de mediados del siglo 20 para de inmediato comenzar a jugar con los estereotipos de ese género cinematográfico y, en algunos casos, despedazarlos.

Con audacia, esta película subvierte varios de los fundamentos de la comedia musical, entre los cuales están:

  • Cantar a la menor provocación.
  • Musicalizar cualquier diálogo.
  • Interpretar largas canciones.
  • Bailar cantando, una y otra vez.
  • Cualquier tristeza o malestar será eliminado por el baile y el canto.
  • Los personajes son de un optimismo inquebrantable y una alegría contagiosa.
  • Las historias son de un amor casi infantil.
  • Cualquier conflicto puede ser superado por la fuerza del amor.
  • Por supuesto, el amor triunfa en el 99% de los casos (en el 1% restante, el fracaso amoroso crea una atmósfera de amor fraternal en la comunidad).

Es cierto que en cada uno de estos rubros es posible encontrar un breve catálogo de escenas memorables, pero es igualmente cierto que a lo largo del siglo 20 la industria generó kilómetros de celuloide con escenas desechables y, en muchos casos, infumables.

En lo que concierne a La La Land, varias de estas constantes pasan a la historia, otras son revolucionadas. La película cuenta con pocas canciones (que casi son murmullos) y de corta extensión . Lo mismo ocurre con los bailes (la mayoría tiene un aire de juego, de broma; y los juegos que se alargan tienden a perder su gracia). En varios momentos, en vez de desplazar la cámara suavemente siguiendo los movimientos se recurre a un movimiento frenético o a una edición vertiginosa de muy cortas tomas, lo que da una enorme velocidad a las escenas en contraste con las dilatadas escenas habituales en la comedia musical clásica. De hecho, la música no es un complemento ornamental sino un elemento estructurador y por momentos es un recurso narrativo para efectuar elipsis en la historia.

En cuanto a la trama, es más drama que comedia. Los personajes no son optimistas o ilusos sino seres desencantados de la realidad en la que habitan, su humor es ácido, viven abrumados por la frustración, el rechazo o la mala suerte. Sus conflictos son ásperos, duros. Si encuentran el amor es en una relación compleja, agridulce, que les demanda más renuncias, más sueños rotos.

Con diálogos chispeantes, Chazelle aborda un mundo que languidece: el del jazz, el de la vieja industria cinematográfica, el de la esperanza de éxito en Hollywood, donde todo es desplazado por implacables criterios comerciales ante los cuales sólo queda vender el alma al diablo.

El siglo 21 inició con un caso interesante de esta nueva comedia-drama musical: Dancer in the dark (Lars Von Trier, 2000), donde Björk interpreta un personaje solitario que se evade de una realidad trágica, la pérdida progresiva de la vista, fantaseando con esperanzadores momentos musicales.

La La Land va más lejos al insertar el drama, la decepción, el desencanto en la médula de la comedia musical. Y establece una división tajante: si antes este género se regodeaba en la fantasía, ahora irá de la mano de la realidad.

Es cierto que el propio Chazelle declaró: “No importa lo mal que puedan ir las cosas, siempre debería haber espacio para los sueños, para la esperanza, para la alegría y el amor, la belleza y el arte”. No obstante, en su filme hay una fuerte presencia de un ingrediente amargo, muy propio de los tiempos actuales.

La La Land podría marcar el inicio de la comedia musical del siglo 21… si es que a esto puede seguir llamándosele comedia musical.

Los reconocimientos
En la premiación de los Globos de Oro 2017 fue la gran ganadora, al obtener 7 distinciones incluidas las de mejor película, mejor director, mejor guión, mejor banda sonora, mejor canción, así como mejores actriz y actor en el género comedia/musical. También obtuvo 8 premios Critic’s Choice y contiende por 10 BAFTA.

El director Damien Sayre Chazelle ya había sorprendido en 2014 con la vibrante Whiplash, su segunda película, la cual ganó tres premios Oscar. Con sólo 32 años de edad, regresa alcanzando un récord envidiable: 14 nominaciones para los Oscar 2017 con La La Land, su tercer filme (sólo otras dos películas en la historia de esta premiación han logrado 14 nominaciones: All about Eve y Titanic).

Chazelle ha escrito el guión de las tres películas que ha dirigido. Una fulgurante carrera que conviene seguir con atención.

[ Gerardo Moncada ]

 

 Otras nominaciones al Oscar 2017
Fences (Barreras)
Manchester by the sea (Manchester frente al mar)
Hell or high water (Enemigo de todos)
Hidden figures (Figuras ocultas)
 Hacksaw ridge (Hasta el último hombre)

 

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