Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi

tabucchi_390x236

Antonio Tabucchi nació en Pisa, Italia, el 24 de septiembre de 1943; murió el 25 de marzo de 2012 en Lisboa, Portugal. La novela Sostiene Pereira lo catapultó a la fama internacional.

Sostiene Pereira es la historia de un personaje que se topa con una disyuntiva inesperada y una elección arriesgada; es la crónica de un hombre mayor que observa cómo su apasible vida y su confortable mundo entran en crisis, y se ve impelido a tomar decisiones que él mismo no entiende a cabalidad.

“Evento es un término del psicoanálisis, dijo el doctor Cardoso, […] es un acontecimiento concreto que se verifica en nuestra vida y que trastoca o perturba nuestras convicciones o nuestro equilibrio, en fin, el evento es un hecho que se produce en la vida real y que influye en la vida psíquica, usted debería reflexionar sobre si en su vida ha ocurrido algún evento. He conocido a una persona, sostiene haber dicho Pereira, mejor dicho, a dos, un joven y una muchacha […] El hecho es que me ha surgido una duda: ¿y si esos dos chicos tuvieran razón? […] si ellos tuvieran razón mi vida no tendría sentido […] ya nada tendría sentido y es de eso de lo que siento deseos de arrepentirme, como si yo fuese otra persona”.

La novela, sostiene Tabucchi, fue destilada lentamente y escrita “en dos meses, que fueron también tórridos, de intenso y furibundo trabajo”. La historia se desarrolla en la convulsionada Europa de la década de 1930, observada desde un Portugal ensimismado, adormilado, en el que la realidad se filtra a cuentagotas a pesar del control que ejerce un régimen policial con disfraz democrático. La calma es tensa pues, bajo al manto de aparente tranquilidad, avanza una difusa y ominosa percepción de que todo está a punto de estallar.

Tabucchi_Sostiene-Pereira

“¿Y qué quedaría de mí?, preguntó Pereira, yo soy lo que soy, con mis recuerdos, con mi vida pasada, la memoria de Coimbra y de mi mujer, una vida transcurrida como cronista de un gran periódico, ¿qué quedaría de mí? […] Usted necesita elaborar el luto, necesita decir adiós a su vida pasada, necesita vivir en el presente. […] ¿Y mis recuerdos?, preguntó Pereira, ¿y todo lo que he vivido? Serían tan solo memoria, respondió el doctor Cardoso, y no invadirían de forma tan avasalladora su presente […] deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira, frecuentar el futuro…”

Antonio Tabucchi terminó de escribir la novela el 25 de agosto de 1993. Años después comentó: “Con Pereira he creado un personaje que lucha contra su infelicidad y su soledad. Su toma de conciencia no es exclusivamente política sino producto de una maduración interna, la elaboración del luto de toda una vida pasada, la búsqueda y el deseo de una vida futura” (citado en El cine de nuestros días, José María Caparrós).

Enrique Vila-Matas concuerda acerca del personaje: “Está la posición de alguien que dice no al fascismo, al abuso, al autoritarismo, al homicidio y, en definitiva, al delito, pero el relato tiene también una dimensión existencial, porque la toma de posición de Pereira es, además, ética, estética y psicológica” (El cine de nuestros días, José María Caparrós).

Otro entusiasta lector fue Mario Vargas Llosa: “Pequeña obra maestra, que, además de conmover, desarrolla una problemática moral y cívica que trasciende su ceñida anécdota. La eficacia del estilo, su perfecta arquitectura, y la esencial economía de su exposición, imprimen a este texto una intensidad que rara vez logra la prosa narrativa, sólo la poesía. […] Es muy difícil escribir novelas morales laicas en nuestra época. […] Pero Tabucchi, en Sostiene Pereira, lo ha conseguido, y acaso su mérito sea todavía mayor porque […] ha demostrado que la literatura liviana, de mero entretenimiento, no bastaba, que innumerables lectores añoraban una literatura que, sin dejar de ser entretenida, fuera más revulsiva y profunda que la que está hoy de moda” (Letras libres, 30 abril 2000).

Tabucchi

La invención del narrador
Sostiene Pereira destaca por ser el relato de un relato, la narración de acontecimientos referidos a un escribano fantasmal que nos ofrece la relación de los hechos.

“La sobriedad del estilo, su condensación, así como la sabia parquedad de los datos -sostiene Vargas Llosa-, no son lo más original de la forma narrativa en Sostiene Pereira. Lo es la invención del narrador. Es muy visible, está siempre allí, aunque no se lo vea. Constantemente nos recuerda su existencia, con esa frase que repite como una jaculatoria o un mantra: ‘sostiene Pereira’. No es un narrador literario; todo lo contrario, huye de todo adorno retórico y de las efusiones líricas, como los gatos del agua. Es un mero receptor y transmisor de informaciones, que finge recibir del propio Pereira, pero que, al pasar por sus manos de funcionario, notario, policía o juez, se han despersonalizado y helado. En cualquier otra circunstancia, esta voz burocrática, de amanuense policial o jurídico, mataría la ilusión novelesca. En este caso, no, ella contribuye maravillosamente a crear el ambiente social enrarecido y deshumanizado en el que vegeta Pereira, el clima de consentimiento, abulia, generalizada corrupción y miedo reprimido que sostiene a la dictadura, un medio en el que, por cualquier motivo, los ciudadanos pueden ser llamados a declarar, a confesar lo que hacen y piensan, ante policías, notarios y jueces tan glaciales como el que nos cuenta la historia de Pereira. En pocas novelas modernas la elección del narrador ha sido tan acertada, tan funcional, para dotar a la historia de poder de persuasión, como en Sostiene Pereira” (Letras libres, 30 abril 2000).

Juan Villoro coincide y sostiene: “El giro maestro de Sostiene Pereira es la voz narrativa. Tabucchi deposita en un relator anónimo la tarea de referir lo que Pereira ‘sostiene’ (aunque hay una innegable empatía en quien registra las palabras, el tono es el de una declaración legal: Pereira arrestado ante su narrador). El lector se sitúa en el mismo plano de quien transcribe las declaraciones y, en cierta forma, comparte su responsabilidad” (Los sueños que no dormimos, Nexos, 1 abril 1997).

En opinión de Sergio Pitol, “El método es perfecto. Permite la aproximación y también la distancia. Y aquellas dos palabras: ‘Sostiene Pereira’, repetidas a lo largo de toda la novela, funcionan como un ritornelo que acentúa la melodía de una prosa perfecta”.

Pitol añade: “Sostiene Tabucchi que aspira a escribir para un lector que no espere de él ni soluciones ni palabras de consolación sino interrogaciones. El presunto lector deberá estar dispuesto a dejarse visitar, a hospedar lo imponderable, a modificar categorías mentales, estilos de vida, a introducir nuevas formas de aproximación a la condición humana: forzar la suerte antes que condenarse a un anticipado réquiem”.

Y cita una conferencia en la que Tabucchi declaró: “La única certeza que poseo es la de que todo es relativo, que las cosas tienen su revés. Es, sobre todo, en esa zona en la que me gusta indagar, donde nada es visible de inmediato”.

Al día siguiente de la muerte de Tabucchi, Enrique Vila-Matas escribió un texto titulado Por el dolor de llamar, una búsqueda del amigo que ya no está, la evocación y la resistencia a la pérdida: “Admiro en Tabucchi su imaginación y también su capacidad para investigar en la realidad y terminar llegando a una realidad paralela, más profunda, esa realidad que a veces acompaña a la visible”.

[ Gerardo Moncada ]

, ,

No comments yet.

Deja un comentario