Todo un hombre, de Tom Wolfe

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Tom Wolfe (2 marzo 1931 – 15 mayo 2018) fue un agudo crítico de la sociedad estadounidense. Así lo demostró tanto en su obra periodística como en la literaria.

Todo un hombre es una novela de gran intensidad, escrita con una prosa impecable y vigorosa. Narra el cruce en las líneas de vida de un grupo de personas que con recursos emocionales de diverso calibre sortean las condiciones adversas que les toca vivir. Tom Wolfe aprovecha el relato para elaborar un fresco -extenso y profundo- del sur de los Estados Unidos, desde el pasado hasta el cierre del siglo XX. Asimismo, crea un vasto mosaico con los hábitos culturales, las ideologías, modas, manías, filias y fobias. Con afilado bisturí disecciona la vida estadounidense para exhibir las entrañas y uno que otro tumor.

Los años que practicó el periodismo potenciaron en Wolfe su enorme capacidad para describir situaciones que se desarrollan tanto en las altas esferas de la economía y la política como en los bajos fondos; esas habilidades también le permiten crear espléndidos y minuciosos retratos  de sus personajes. De tales recursos literarios hace gala en esta novela.

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Algunas descripciones de la vida contemporánea son auténticas joyas.

“No era ningún Charlie, pero tenía la pasión de Charlie por los negocios, que quizá era donde se refugiaba en la actualidad la pasión masculina por la lucha…”

“Dos o tres mil personas en aquella sala… y tanta soledad… y ¿quién aparte de ella se tomaba el tiempo de compadecer a los solitarios? Nadie de los que ella conocía. Todos consideraban la soledad como un estigma, un signo de fracaso, una pifia. Una transgresión de la etiqueta, eso era la soledad, una fuente de incomodidad”.

“-Esos niños no tienen modelos. Sólo saben lo que eligen despreciar”.

Como en las demás obras de Wolfe, las referencias a la cultura universal, al arte, a la filosofía, son un ingrediente indispensable:

“-Nietzsche dijo una vez que el resentimiento es la menos explorada de las motivaciones humanas primarias”.

“El deprimido se da cuenta de que todas las rutinas diarias implican una creencia en el Mañana y constituyen bromas crueles, porque el mañana ya no existe”.

El escritor reflexiona acerca del yugo de las convenciones sociales en la vida contemporánea:

“Epicteto dijo: ‘Mira, la divinidad os ha enviado al que muestra con hechos que es posible. Vedme, no tengo casa, ni patria, ni hacienda, ni esclavos; duermo en el suelo, sólo tengo la tierra y el cielo y una mala capa. ¿Y qué me falta? ¿No vivo sin penas, sin temores, no soy libre? ¿Acaso alguno de vosotros me ha visto con mala cara? ¿Cómo trato a esos a quienes vosotros teméis y admiráis? ¿No los trato como a esclavos? ¿Quién, al verme, no piensa que ve a su propio rey y señor?’”

Las elecciones están en centro de esta novela de Wolfe:

“Sólo Epicteto partía del postulado de que la vida era dura, brutal, agotadora, limitada y constrictora, un asunto mortal, y para nada una cuestión de justicia o injusticia. Sólo Epicteto había mirado a los ojos a sus torturadores y les había dicho: ‘Haced lo que tengáis que hacer, y yo haré lo que tengo que hacer, que es vivir y morir como un hombre’”

“Son las circunstancias las que nos muestran lo que son los hombres” (Epicteto).

“Te di una porción de nuestra divinidad, una chispa de nuestro propio fuego, la facultad de actuar o no actuar, la facultad de deseo y la facultad de rechazo; si atiendes a ellas, no gemirás, no censurarás, no adularás a nadie…” (Zeus, según Epicteto).

El final de la novela, atropellado y hasta cierto punto anodino, dividió a la crítica literaria. No obstante, el lector encontrará en el 95% de las páginas una obra vibrante y de notable calidad.

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De perfil
Toma Wolfe nació en Richmond, Estados Unidos, el 2 de marzo de 1931. Se dice que ha sido cronista, reportero, ensayista y novelista, pero es más justo decir que todos esos géneros siempre han estado presentes en sus escritos y quizá la mayor diferenciación esté en el volumen de realidad o de ficción presente en cada escrito de Wolfe.

Acerca de Todo un hombre (al igual que su novela anterior, La hoguera de las vanidades) Wolfe ha dicho que surgieron de una necesidad de realismo en la literatura, que están basadas en una exploración cuidadosa, periodística, del entorno social de los personajes como un medio que explica sus ideas y conductas, en tanto otros temas como el sexo, la raza, el dinero y la ideología operan por igual como elementos divisorios o integradores de la sociedad estadounidense.

A Wolfe se le considera un escritor que no ha tenido miramientos para decir lo que piensa de los personajes que describe, tanto en sus crónicas periodísticas como en sus novelas. Es decir, se le atribuye el pecado de ser demasiado sincero en la sociedad que es cuna del lenguaje “políticamente correcto”. En una entrevista, explicó: “Es terrible. La llamada corrección política es marxismo desinfectado. Mire esos intelectuales, los supuestamente más cultivados, sometidos a la corrección política, a ese marxismo rococó, porque piensan que no queda bien oponerse a él” (El País, 31 marzo 2014).

[Gerardo Moncada]

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