Sonny Rollins, abrir la estructura melódica

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(7 septiembre 1930, Nueva York)

En una época de incertidumbre y, en consecuencia, de retorno a las formas clásicas, algunos jazzistas decidieron seguir adelante, abriendo la estructura melódica. Ese fue el caso del saxofonista Sonny Rollins.

Muy joven aprendió piano y luego saxofón alto, para finalmente optar por el saxofón tenor, instrumento con el que se convirtió en uno de los mayores músicos en la historia del jazz.

Explorador insaciable, por décadas Rollins ensayó diez horas al día y en distintas épocas se retiró de los estudios y los escenarios para explorar nuevas ideas.

Dave Gelly comenta que Rollins siempre se sintió cómodo con el blues y la melodía estadounidense, materiales con los que obtenía productos extraordinarios mediante improvisaciones a una escala única, personal, y con un sorprendente cambio de tonalidades.

Moving out, álbum con Kenny Dorham, Art Blakey, Elmo Hope y Percy Heath (1954):

Al explicar lo que ocurría en la década de 1950, Joachim Berendt anota: “La verdadera tensión en el desarrollo del jazz moderno (…) estaba entre la conciencia clasicista por una parte y el grupo de jóvenes músicos, en su mayoría negros, que tocan un bebop moderno, llamado hard bop (…) Es el bebop más puro, enriquecido con un mayor conocimiento de los supuestos armónicos y una mayor perfección técnico-instrumental. El hard bop es el jazz más vital que se tocaba hacia fines de los años cincuenta, en conjuntos –ensembles-” (El Jazz, edición de 1976).

Y remata Berendt, categórico: “Sonny Rollins sin lugar a dudas es el exponente más importante del hard bop”.

En su recuento Icons of Jazz, 1900-2000, Dave Gelly escribe: “El álbum que estableció a Rollins como una de las figuras prominentes del jazz fue Saxophone Colossus, una serie de sesiones con un cuarteto donde no sobra ni una nota, ni un acento, ni un simple acorde. Uno de los temas, Blue 7, ha sido analizado en profundidad por el musicólogo Gunther Schuller, el cual recalca la complejidad de la tarea de Rollins en esta pieza. Después de leer el estudio, el propio Rollins afirmó que fue incapaz de coger el saxofón durante una semana. ‘Era como montar en bicicleta; si piensas en lo que estás haciendo, te caes’, señaló”.

Saxophone Colossus (1956):

Los críticos advierten en el estilo de Rollins la presencia de Coleman Hawkins, “por su sonido denso y voluminoso”, y de Charlie Parker, “por la libertad de improvisación”. Berendt va más lejos:

“Sonny Rollins llegó a improvisar grandiosas estructuras polimétricas y a elaborar el material armónico con una generosidad y una falta de preocupación que no había existido siquiera en la escuela de Lennie Tristano”.

The Bridge es el álbum con el que regresó, tras un retiro de tres años, con nuevos bríos y nuevas ideas, como al reemplazar el piano por la guitarra de Jim Hall (1962):

En su libro Esto es Jazz, los 101 +101 mejores discos de la historia, Chema García Martínez incluye tres discos de Sonny Rollins. Uno de ellos es A Night at The Village Vanguard (1957):

Otro de los álbumes que considera entre los imprescindibles del jazz es el concierto con Don Cherry en Nueva York. “Escuchar al ‘saxophone Colossus’ en su momento de mayor gloria, junto a Don Cherry (además de Henry Grimes al contrabajo y Billy Higgins a la batería), en sus conciertos de Nueva York (1962), Estocolmo y Copenhague (1963), constituye una experiencia de una intensidad, a menudo, difícilmente soportable:

Y el tercer disco corresponde a un concierto, 49 años después, al lado de Ornette Coleman: Road Shows, vol. 2, editado en 2011. Este disco recoge la presentación en el teatro Beacon de Nueva York (10 de septiembre de 2010), con la que se celebraron los 80 años de Rollins. “El resultado -dice García Martínez- son veinte electrizantes minutos del mejor jazz imaginable, con los dos saxofonistas dando lo mejor de sí mismos sobre una pieza de Rollins, Sonnymoon for two”:

García Martínez cita una entrevista en la que Rollins explica qué lo impulsa: “Lo mismo que cuando empecé: la búsqueda de algo que no creo haber encontrado todavía. Es algo que quiero expresar con mi música. El qué, no lo sé. Sé que está ahí (…) sólo sé que trabajo en ello y espero aproximarme poco a poco a mi objetivo. Quizá nunca llegue a conseguirlo”.

Tenor Madness, Sonny Rollins Quartet (1956):

[ Gerardo Moncada ]

 

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