Por decreto, desaparecen las playas contaminadas en México

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A pesar de los múltiples episodios de contaminación, las autoridades afirman que el 97.7% de las playas están limpias. ¿Milagro? Aquí revelamos el misterio.

No fue necesario realizar millonarias inversiones para evitar que las descargas de aguas negras urbanas siguieran llegando al mar, tampoco fue indispensable meter en orden a las múltiples industrias que vierten sus desechos a los cauces naturales, ni evitar que industrias extractivas siguieran intoxicando los cuerpos de agua que llegan a las costas, o impedir que los desarrollos inmobiliarios costeros siguieran usando el mar como retrete. No, nada de eso.

Bastaron tres acciones precisas para sanear las playas de México: ocultar los datos de contaminación bacteriológica, mantener estándares de sanidad más laxos que las normas internacionales y afirmar una y otra vez que todo está bien. Con eso.

En agosto de 2011, la Comisión Nacional del Agua aseguraba que el 96% de las playas cumplía con los estándares mexicanos, pero reconocía que sólo 18 playas estaban realmente limpias, conforme a los parámetros internacionales. Este selecto grupo representaba el 7.3% de las 245 playas que estaban bajo monitoreo debido a la alta incidencia de turistas. Quedaba fuera de evaluación el resto de nuestros litorales.

No obstante, desde hace varios años, en cada periodo vacacional las autoridades sanitarias señalan sólo unas pocas playas como contaminadas, bajo la lógica de enviar un mensaje positivo que “no desaliente” el turismo.

Este año, el tache le tocó a seis playas. Dos son de Guerrero: Tlacopanocha (Acapulco) y Playa Principal (Zihuatanejo); cuatro son de Campeche: Playa Norte I, Norte II, Manigua y Zacatal. Fuera de eso, dicen, todo es saludable.

Así, piden a la población y a los medios de comunicación un acto de fe, acorde con la Semana Santa.

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Limpiar sólo por donde ve la suegra
Al iniciar este siglo, los escándalos por episodios críticos de contaminación en las playas mexicanas obligaron al gobierno federal a crear un esquema de monitoreo mensual, un sistema de reportes abierto al público y una Comisión Intersecretarial que vigilara el desempeño de esta nueva estrategia que brindaría seguridad a los vacacionistas mexicanos y extranjeros. Así surgió el Programa Integral de Playas Limpias (Proplayas) y el Sistema de Monitoreo de Calidad del Agua en Playas Prioritarias (Sisplayas).

Hacia el año 2006, los activistas ambientales solicitaron mejoras al programa de playas limpias, a fin de que: a) ofreciera información oportuna, pues ésta solía aparecer a destiempo, cuando ya habían pasado los periodos de mayor afluencia de vacacionistas; b) brindara información en la playa misma, mediante un sistema de banderas (los bañistas podrían desplazarse hacia una playa más limpia y evitar riesgos de salud); c) que los parámetros de “playa limpia” se ajustaran a los establecidos por la OMS, pues los de México eran mucho más laxos; y d) lo más importante: un programa nacional de tratamiento de aguas negras para evitar que éstas fueran vertidas al mar.

La respuesta fue una abierta reticencia en todos los niveles de gobierno, desde las dependencias que conformaban la comisión intersecretarial hasta las presidencias municipales. Cuando los activistas comenzaron a publicar los historiales de las playas, para alertar a la población, las autoridades enfurecieron.

Como no se tomaron acciones de fondo, no hubo mejoras sustanciales y siguieron apareciendo cifras de pánico.

El gobierno mexicano impulsó tres medidas de alta eficacia: 1) suspendió el monitoreo en playas sumamente contaminadas para deshacerse de las peores cifras, 2) canceló el acceso público a los reportes históricos de 2003 a 2012 y 3) emitió comunicados triunfalistas.

No es trivial la desaparición de datos históricos. Esa era la base del Sisplayas, sistema enfocado en vigilar las 40 playas que se consideraban “prioritarias” por haber presentado más de cuatro incidentes de riesgo sanitario en el curso de cinco años. Hoy, se optó por aplicar a ese sistema una desaparición forzada.

La letrina costera
La contaminación bacteriológica es un riesgo para los bañistas porque propicia enfermedades gastrointestinales o respiratorias, señala la Organización Mundial de la Salud.

El criterio de la OMS establece que una playa pierde la categoría de “saludable” cuando en una muestra de 100 mililitros de agua hay más de 137 enterococos (la bacteria que indica problemas sanitarios en el agua de mar).

El gobierno mexicano consideró que ese límite era “demasiado estricto” y por mucho tiempo lo mantuvo en 499 enterococos. Aun con ese margen de flexibilidad, ocurrieron graves episodios de contaminación, con más de 50 veces esa medida, en múltiples puntos de los litorales del país. Hasta hace pocos años, el gobierno redujo el límite “saludable” a 200 enterococos.

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Enérgica limpieza (del historial) de playas
Actualmente, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) muestra un padrón rasurado (desaparecieron playas altamente conflictivas), neutralizado (eliminó el señalamiento de qué playas experimentan episodios críticos en forma recurrente) y trunco (le recortó una década de reportes).

La desaparición de las “playas prioritarias” (las que presentan con frecuencia altas concentraciones de contaminantes) eliminó la presión sobre Campeche, Chiapas, Guerrero, Jalisco, Nayarit y Veracruz. La información ahora es más aséptica que las playas.

CAMPECHE
Tres playas “prioritarias” dejaron de ser monitoreadas: Manigua II, Playa Caracol y Sombrerón, lo cual hace creer que no representan algún riesgo ni han tenido un pasado turbio.

CHIAPAS
Tonalá: no advierte que playa Arista ha tenido episodios de contaminación. Para esta semana, de elevada afluencia, no hay datos (ND) para Boca del cielo estero y Boca del cielo mar.
Tapachula: Borró el historial crítico de las playas Linda y Escolleras.

GUERRERO
Acapulco: No advierte que las playas Caleta, Caletilla, Carabalí, Hornos y Suave han presentado graves incidentes de contaminación bacteriológica y esa condición se sigue presentando. Por ejemplo, en el último bimestre de 2014, la playa Hornos registró 945 enterococos, casi 400% por arriba del máximo saludable según la norma mexicana.
Ixtapa–Zihuatanejo: dejó de monitorear Playa Almacén, a pesar de ser “prioritaria”. Ahora informa que la Playa Principal “no es apta”, pero elude mencionar que ha permanecido fuera de la norma por varios años.

JALISCO
No avisa que las playas Quimixto, Ánimas, Mismaloya, Los Muertos y Del Cuale han tenido graves episodios de contaminación. Suspendió el monitoreo de la playa Oasis; cosa que antes hizo también con Las Glorias, El Salado (Pitillal), Conchas Chinas y Boca de Tomatlán, a pesar de que esta última en 2004 llegó a reportar 24,890 enterococos.

NAYARIT
Bahía de Banderas: No informa que las playas Bucerías, Huanacaxtle y Sayulita han tenido episodios graves de contaminación bacteriológica.
Compostela: Borra antecedentes negros de Guayabitos.

VERACRUZ
Elimina el oscuro pasado de las playas Antón Lizardo, Gaviota II, Pelícano I y II Tortuga II, José Martí, Villa del Mar, Hornos y Regatas, con lo cual dan la apariencia de ser playas limpias. Ya no da cifras de Playa del Muerto, El Morro, Los Arcos, Isla Amor y Acuario, esta última con graves y recurrentes índices de contaminación.

SONORA
Bahía de Kino: recortó los antecedentes sucios de las playas Bahía de Kino I, II y III.
Huatambo: Limpió los antecedentes oscuros de las playas Huatambito, Las Bocas y Camahuiroa.

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Antes del cambio de gobierno
En 2011 se advirtió la necesidad de uniformar la información pues, al recaer el monitoreo sobre gobiernos municipales o estatales, prevalecían inconsistencias, irregularidades y vacíos. A ello se sumaron varias estratagemas para maquillar la información.

Por ejemplo, en 2009, el estado de Jalisco suspendió el monitoreo de las playas Conchas Chinas y Boca de Tomatlán, playas que habían presentado alarmantes registros de contaminación.

El gobierno de Veracruz siguió el mismo camino. Cambió el nombre a cuatro playas con graves problemas de contaminación: Costa de Oro I pasó a ser Gaviota II, Iguana Norte cambió a Tortuga II, Iguana Sur se volvió Pelícano II y la tristemente célebre Penacho del Indio fue renombrada como Pelícano I. Además, en 2010 canceló el monitoreo en la playa del Acuario “por obras” y ya no lo continuó porque “carecía de interés y uso turístico”, a pesar de ser parte del malecón turístico de la capital del estado. En 2012 logró que fuera retirada de la lista oficial de playas a monitorear, aun cuando había registrado 159,490 enterococos en el año 2009. El mismo proceso siguió con la playa Iguana Centro.

En Zihuatanejo, Guerrero, se interrumpió por “problemas técnicos” el monitoreo de la playa Principal, a pesar de que promediaba cuatro incidentes de riesgo sanitario al año.

Hacia finales de 2012, el gobierno entrante contaba con el reporte anual 2011 que expresaba una cruda realidad: 70 playas habían rebasado la norma mexicana (200 enterococos en 100 mililitros de agua) en el litoral del Pacífico y 29 en el Golfo de México. De esas 99 playas contaminadas, 31 habían reportado episodios graves:

En el Pacífico ocurrieron 22 incidentes graves:

  • Baja California Sur: La Paz, playa Malecón III (7,914 enterococos).
  • Nayarit: Bahía de Banderas, playa Bucerías (2,273), Huanacaxtle (1,118), Sayulita (9,776), Rincón de Guayabitos II (24,196).
  • Jalisco: Puerto Vallarta, playa Mismaloya (2,359), Del Cuale (6,867), Quimixto (1,309).
  • Michoacán: Lázaro Cárdenas, playa La Soledad (2,187), Caleta de Campos (8,164), Playa Azul (1,624), Las Peñas (1,169), Chuquapan (30,176). En Aquila, playa Nexpa (11,199), San Juan de Alima (3,446), El Faro de Bucerías (19,863). En Coahuaya, Boca de Apiza (5,794).
  • Guerrero: Acapulco, playa Carabalí (1,607); playa Suave (2,252), Papagayo (1,722).
  • Chiapas: en Tonalá, Boca del Cielo (3,118).

En el Golfo de México hubo 9 episodios graves:

  • Tamaulipas: en Soto la Marina, Playa Escolleras (1,904).
  • Veracruz: Playa Iguana Norte o Tortuga II (4,771), Iguana Sur o Pelícano II (3,076), José Martí (6,131), Penacho del Indio o Pelícano I (14,136), Regatas (9,804).
  • Campeche: en Ciudad del Carmen, playa Isla Aguada (2,602), Manigua I (5,691), Manigua II (6,885).

Con el nuevo gobierno, como por arte de magia, la gran mayoría de estas playas ya no han reportado incidentes de contaminación. En 2012, la organización El Poder del Consumidor enlistó 215 playas que habían registrado episodios de contaminación a lo largo de una década, y lo detalló tanto para la costa del Pacífico como para el Golfo de México y el Caribe. La intención era clara: que los consumidores tomaran mejores y más informadas decisiones al elegir dónde vacacionar. La idea del gobierno va en sentido opuesto.

Dice el refrán: “El que no conoce a dios dondequiera se anda hincando”. Esta Semana Santa habría que parafrasearlo: “El que no conoce a Cofepris, en cualquier playa se anda metiendo”.

Denise Rojas (1 abr 2015) / Gerardo Moncada ]

Ver también:
Playas contaminadas de México, un secreto de Estado.

 

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