
Pieza teatral de 1636 que cuestiona la soberbia de quienes ostentan poder y status social.
El alcalde de Zalamea es una obra que bajo una apariencia de ligereza muestra intensas contradicciones sociales y humanas muy propias del Renacimiento español. Es una época en que emergen nuevas fuerzas sociales que equilibran la contraposición entre aristócratas y gente del pueblo, lo cual conduce a renovados debates acerca de la impartición de justicia y el abuso de poder, a otra visión de los conflictos que involucran el agravio y el honor. Pero no nos engañemos: aunque hayan transcurrido cuatro siglos, la obra conserva su vigencia.
Don Lope: A quien tocara, / ni aun al soldado menor / sólo un pelo de la ropa, / por vida del cielo, yo / le ahorcara.
Crespo: A quien se atreviera / a un átomo de mi honor, / por vida también del cielo / que también le ahorcara yo.
Don Lope: ¿Sabéis que estáis obligado / a sufrir, por ser quien sois, / estas cargas?
Crespo: Con mi hacienda; / pero con mi fama, no. / Al Rey la hacienda y la vida / se han de dar; pero el honor / es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios…

Con maestría, Calderón de la Barca crea una ágil y atractiva pieza teatral que transita de manera eficaz por diversos géneros: inicia como relato picaresco, costumbrista, pasa a comedia de enredos amorosos para desembocar en un drama de ultraje con un desenlace de tragedia. En el centro de esta historia se desarrolla un forcejeo entre clases sociales que evidencia la fractura de la rígida estructura medieval y la entrada de una nueva época, con otro tipo de reglas y con la fuerza social y política que iban adquiriendo comerciantes, artesanos y aldeanos que lograban amasar riqueza con el fruto de su trabajo.
En el elenco de esta obra figuran Pedro Crespo, un labrador enriquecido; su hija Isabel, que deslumbra por su belleza e inteligencia pero no es considerada una “dama” debido a su origen; Juan, hijo del labrador, proclive a las apuestas y a los pleitos; don Mendo, un hidalgo de la decadente nobleza rural, soberbio pero pobre; soldados quejumbrosos y escasamente disciplinados, comandados por el petulante capitán Álvaro de Ataide, descendiente de nobles; don Lope de Figueroa, alto mando del ejército, enérgico aunque justo, y el rey Felipe II, entre otros.
Los personajes interactúan en forma dinámica -a lo cual contribuye lo corto de las escenas-, ventilando anhelos, intrigas y arrebatos amorosos. Aunque la obra está impregnada de barroquismo, resulta disfrutable por sus diálogos breves e ingeniosos. El soldado Rebolledo opera como contrapunto humorístico. Los sirvientes aparecen como personajes de fondo aunque -al conocer todos los secretos de sus patrones- proporcionan información que agiliza la trama y salpican los diálogos con juegos verbales cargados de astucia popular.
Don Mendo: Es propio de los que sirven, refranes…

ARISTÓCRATAS Y PÍCAROS
Durante el Renacimiento, la economía basada en la propiedad de la tierra fue desplazada por el comercio de bienes. En ese contexto, Calderón de la Barca refiere el ascenso económico de algunos campesinos y la decadencia de la nobleza rural que inútilmente se aferra a un pálido abolengo.
Don Mendo: ¿Qué han entrado / soldados aquesta tarde / en el pueblo?
Nuño: Sí, señor.
Don Mendo: Lástima da el villanaje / con los huéspedes que espera.
Nuño: Más lástima da y más grande / con los que no espera…
Don Mendo: ¿Quién?
Nuño: La hidalguez; y no te espante; / que si no alojan, señor, / en casa de hidalgos a nadie, / ¿por qué piensas que es?
Don Mendo: ¿Por qué?
Nuño: Porque no mueran de hambre…
Don Mendo: Has de saber que el que nace / substancia es del alimento / que antes comieron sus padres.
Nuño: ¿Luego tus padres comieron? / Esa maña no heredaste…
Don Mendo: Tengan hambre los gañanes; /que no somos todos unos; / que a un hidalgo no le hace / falta el comer.
Nuño: ¡Oh, quien fuera hidalgo!…

USO Y ABUSO DEL PODER
Aunque hoy El alcalde de Zalamea podría parecernos bastante común en cuanto a su resolución, cabe imaginar el revuelo que provocó en su tiempo, en la tradicionalista España de 1636, ya que cuestiona las jerarquías absolutas de autoridad y poder.
En plena época aristocrática, esta obra plantea que la justicia no es privilegio de los nobles ni de sus funcionarios o de la élite del ejército; que las leyes son para todos y lo mismo se aplican para un militar de alto rango que para un labrador.
Para el dramaturgo, existe una clara diferencia entre el ejercicio del poder y el abuso de poder, aunque ambas prácticas sean separadas por una línea tan delgada que algunos individuos no logran distinguirla (en particular, los miembros de élites privilegiadas).

HUMANISMO… PERO CLASISTA
El Renacimiento quebró la rígida estructura medieval pero, aunque impulsó una visión humanista, no logró extirpar de las conductas sociales el desprecio clasista.
Calderón de la Barca exhibe la altanería de quienes ostentan una posición de jerarquía dentro del ejército y la arrogancia de quienes alardean de algún abolengo. Los primeros son impertinentes y están dispuestos a atropellar los derechos de los demás; los segundos desprecian profundamente a la gente del pueblo aunque buscan obtener algún provecho de ella.
En el segundo grupo se encuentra Don Mendo, que intenta enamorar a la hija del labrador don Crespo.
Nuño: ¿Por qué, si de Isabel eres / tan firme y rendido amante, / a su padre no la pides? / Pues con eso tú y su padre / remediaréis de una vez / entrambas necesidades: / tú comerás, y él hará / hidalgos sus nietos.
Don Mendo: No hables / más, Nuño, de eso. ¿Dineros / tanto habían de postrarme, / que a un hombre llano por suegro / había de admitir?…
Don Mendo confesará que no pretende adquirir ningún compromiso con la bella Isabel, que sólo la corteja con la intención de que sea su acompañante de diversiones.
En el capitán Álvaro de Ataide se combinan ambas circunstancias: es de origen noble y posee alta jerarquía en el ejército, de ahí que su conducta lo hará doblemente despreciable.
Sargento: Dicen que en Zalamea / no hay tan bella mujer como Isabel.
Capitán Ataide: Pues / por muy hermosa y muy vana, / ¿será más que una villana / con malas manos y pies?
Sargento: ¿Hay más bien gastado rato / (a quien amor no le obliga, / sino ociosidad no más) / que el de una villana?…
Capitán: Cosa es que en toda mi vida, / ni aun de paso, me agradó; / porque en no mirando yo / aseada y bien prendida / una mujer, me parece / que no es mujer para mí…
Son varios los personajes en esta obra que se consideran por encima de las reglas y normas sociales, bajo el principio de que los “inferiores” deben aceptar en silencio los atropellos de sus “superiores”. Por ello Juan incita a su padre a comprar un título de nobleza para, entre otras cosas, no verse obligado a hospedar a militares.
Juan: ¿Qué quieras, siendo tan rico, / vivir a estos hospedajes / sujeto?
Crespo: Pues ¿cómo puedo / excusarlos ni excusarme?
Juan: Comprando un título de hidalguía.
Crespo: Dime, por tu vida, ¿hay alguien / que no sepa que yo soy, / si bien de limpio linaje, /hombre llano? No por cierto; pues ¿qué gano yo en comprarle / una ejecutoría al Rey / si no le compro la sangre? / ¿Dirán entonces que soy / mejor que ahora? Es dislate. / Pues ¿qué dirán? Que soy noble / por cinco o seis mil reales. / Eso es dinero, y no es honra, / que honra no la compra nadie…

DEL CLASISMO A LA MISOGINIA
Capitán Ataide: Este fuego, esta pasión, / no es amor sólo, que es tema, / es ira, es rabia, es furor.
Rebolledo: ¡Oh, nunca, señor, hubieras / visto a la hermosa villana / que tantas ansias te cuesta…
En la relación entre géneros, el clasismo se convierte en desprecio machista, donde se abusa de la fuerza física y, más aún cuando se tiene un cargo con poder.
Isabel: ¡Mal haya el hombre, mal haya / el hombre que solicita / por fuerza ganar un alma, / pues no advierte, pues no mira / que las victorias de amor, / no hay trofeo en que consistan, / sino en grangear el cariño / de la hermosura que estiman! / Porque querer sin el alma / una hermosura ofendida, / es querer a una mujer / hermosa, pero no viva…
A su manera, el labrador Don Crespo intenta resarcir los daños causados al honor de su familia, para lo cual ofrece sus bienes. Al ser despreciado decide tomar medidas, también a su manera.
Capitán: Tratadme con respeto…
Crespo: Eso / está muy puesto en razón. / Con respeto llevadle / a las casas, en efecto, / del Consejo; y con respeto / un par de grillos echadle / y una cadena; y tened, / con respeto, gran cuidado / que no hable a ningún soldado; / y a todos también poned / en la cárcel; que es razón, / y aparte, porque después, / con respeto, a todos tres / les tomen la confesión. / (Al capitán.) Y aquí para entre los dos, / si hallo harto paño, en efecto, / con muchísimo respeto / os he de ahorcar, juro a Dios.
Capitán: ¡Ah, villanos con poder!…
El desenlace de la obra plantea un debate acerca de la justicia, el derecho, el honor y la razón que asiste por igual a nobles y villanos, desde el rey hasta un sencillo campesino.
Rey: ¿Qué ha sucedido?
Don Lope: Un alcalde / ha prendido un capitán, / y viniendo ya por él, / no le quieren entregar.
Rey: ¿Quién es el alcalde?
Crespo: Yo.
Rey: ¿Y qué disculpa me dáis?
Crespo: Este proceso, en que bien / probado el delito está / digno de muerte, por ser / una doncella robar, / forzarla en un despoblado, / y no quererse casar / con ella, habiendo su padre / rogádole con la paz […] Mírese si está bien hecha / la causa, miren si hay / quien diga que yo haya hecho / en ella alguna maldad, / si he inducido algún testigo, / si está escrito algo de más / de lo que he dicho, y entonces / me den muerte.
Rey: Bien está / sentenciado; pero vos / no tenéis autoridad / de ejecutar la sentencia / que toca a otro tribunal. / Allá hay justicia, y así / remitid al preso.
Crespo: Mal / podré, señor, remitirle; / porque como por acá / no hay más que una sola audiencia, / cualquiera sentencia que hay, / la ejecuta ella, y así / ésta ejecutada está…

NUEVOS TIEMPOS
El historiador Rafael de Altamira señala: “La vida literaria de España en los siglos XVI y XVII es un fenómeno verdaderamente colectivo, en el que participa la mayoría de la nación” (La literatura española, Julio Torri, FCE). Y es así porque esa mayoría adquiere presencia y protagonismo en diversos ámbitos, no sólo en el literario.
El alcalde de Zalamea anuncia el empoderamiento de clases subalternas y el ascenso de las autoridades civiles que llevará a la aplicación universal de las leyes (aunque el responsable de aplicarlas las aproveche para cobrar justa venganza). Este proceso de cambio derivará durante más de un siglo en confrontaciones jurídicas, particularmente entre aristócratas y burgueses.
En el centro de la trama hay una reflexión de corte filosófico-social que conserva plena vigencia: el libre albedrío tiene el límite de la colectividad. Como seres sociales, somos responsables de nuestros actos pues estos impactan en mayor o menor medida en los demás y generan consecuencias. Cuando intentamos eludir dicha responsabilidad el impacto crece y se profundiza, lo que provoca una reacción colectiva que conviene no menospreciar.
En ese sentido, el especialista Harold Bloom advierte que en las grandes obras de Pedro Calderón de la Barca los protagonistas se mueven y tienen existencia en un indeterminado ámbito entre el personaje y la idea; son metáforas sostenidas de un complejo de preocupaciones temáticas.
Célebre en su tiempo, denostado en los siglos XVIII y XIX, hoy Calderón de la Barca es considerado una figura indiscutible del Siglo de Oro español, un pilar del teatro nacional español y un autor clave en el desarrollo de la lengua castellana.
(Los detalles acerca de los vaivenes en la apreciación de este autor y su obra, entre los siglos XVII y XX, son abordados en el texto sobre La vida es sueño.)
[ Gerardo Moncada ]
Otra obra de Pedro Calderón de la Barca:
La vida es sueño.



