Las Patronas, solidaridad desde lo profundo del corazón

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Las Patronas han sido postuladas como candidatas al Premio Princesa de Asturias para la concordia 2015. Ellas nunca han buscado recompensa alguna, pero sobran razones para ese y muchos otros reconocimientos.

3 julio 2015.- Nadie podría afirmar que tuvieran recursos de más, ni siquiera que empezaron dando sólo aquello que les sobraba. Las hermanas Rosa y Bernarda Romero vivían en  Amatlán de los Reyes, un municipio pobre de la sierra de Veracruz. Un día fueron sorprendidas por una petición angustiosa de alimento que no pudieron ignorar. Las hermanas obsequiaron lo que llevaban en las manos (la despensa recién adquirida) a los migrantes centroamericanos que viajaban de polizones sobre el tren de carga llamado ‘La Bestia’, intentando llegar a Estados Unidos.

Fue como una revelación: percibieron la miseria que los viajeros cargaban a cuestas, sus necesidades y penurias. Ellas eran pobres, pero sobre el tren viajaban hombres, mujeres y niños en peores condiciones, desesperados. Lo platicaron con su madre, doña Leonila Vázquez Alvízar, y Norma, su otra hermana. Ese día decidieron que deberían auxiliar a esas personas, darles algo de “bastimento”.

Así lo han hecho, día tras día, por más de 20 años. Asumieron una suerte de apostolado; convirtieron su fe religiosa en hechos palpables, el concepto de la compasión adquirió pleno sentido en una solidaridad tangible: aliviar el hambre de esa gente.

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Los migrantes les llamaron “Las Patronas”
Sin pretenderlo, dieron fama mundial a su barrio Guadalupe, mejor conocido como “La Patrona” (por ser la virgen de Guadalupe la Santa Patrona de los mexicanos). Por extensión, a este grupo de mujeres solidarias los migrantes bautizaron como “Las Patronas”. Desde el 14 de febrero de 1995 no ha pasado un día en que no preparen alimentos para obsequiarlos a quienes viajan sobre el tren.

A diario preparan 25 kilos de arroz y 10 de frijol, y empacan raciones en bolsas de plástico. Cortan pan. Reciclan botellas de refresco para llenarlas con agua; las amarran en pares, como boleadoras, para entregarlas fácilmente a las múltiples manos extendidas que toman las bolsas mientras el tren mantiene su marcha.

Todo lo entregan con sus manos. Han refinado los procedimientos para una entrega sin desperdicios ni contratiempos. También han creado una red de donación de pan, verduras y frutas (a veces también algo de ropa), porque al principio regalaban parte de su propio alimento. Además, conformaron un grupo de voluntarias que ya suman 14 mujeres, que apoyan las diversas tareas.

Desde temprana hora realizan el acopio de alimentos, donados por mercados, panaderías, vecinos, organizaciones. Varias personas llegan a las 10 de la mañana al comedor bautizado como “La Esperanza” para ayudar a cocinar el arroz y el frijol, para armar los paquetes, para preparar el agua, para acarrear los víveres cuando se escucha que se aproxima el tren, para integrarse a la fila que se alinea con la vía y entregar los alimentos (cuentan con menos de 15 minutos)… y volver al comedor para descansar unos minutos y reiniciar las tareas pues en unas horas pasará otro tren con gente que anhela llegar a este punto del viaje, porque ha escuchado que un grupo de mujeres generosas alivian a los viajeros con una hermosa solidaridad que les nace del alma.

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Los números que estremecen
-Se estima que cada año pasan por esta zona 150 mil indocumentados centroamericanos que intentan alcanzar la frontera con Estados Unidos.
-Movimiento Migrante Mesoamericano estima que ascendió a 70 mil el número de indocumentados desaparecidos en México durante el sexenio de Felipe Calderón.
-La Comisión Nacional de Derechos Humanos calcula que solamente el cártel de Los Zetas secuestra cada año 20 mil migrantes centroamericanos que cruzan por territorio mexicano.

La criminalización de la solidaridad
Al principio, hubo intentos por desalentarlas diciéndoles que estaban cometiendo un delito, porque apoyaban a ilegales. Incluso se llegó a decir que eran parte de la red de tráfico de migrantes, “polleras”, “tratantes de personas”.

¿Cómo podía ser un delito ayudar a los demás?”, se preguntaban. Y decidieron investigar, informarse, aprender lo relacionado con derechos humanos y asistencia solidaria. Ampliaron vínculos, se relacionaron con grupos pastorales que daban auxilio a migrantes, participaron en actividades paralelas como conferencias, cursos, talleres; ampliaron su ayuda con asistencia médica; robustecieron su presencia y su organización. Y eso las protegió de amenazas o ataques.

La maledicencia también las ha golpeado. Hay quien les llama “Las locas”, o dice que reciben dinero del gobierno o que los migrantes les mandan dinero del extranjero. Otras personas las cuestionan: “¿A poco crees que con esto vas a cambiar el mundo?

A pesar de los ataques y las amenazas, o del reconocimiento internacional, nunca han dejado de realizar las tareas cotidianas. Nunca se han apartado del objetivo central: ayudar a diario a los migrantes.

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“Lo que aprendimos”
Al cumplir 20 años de asistencia solidaria, Las Patronas escribieron un texto en el que refieren todo lo que al paso del tiempo han aprendido:

“Hemos aprendido… que cada acción cotidiana por muy pequeña que parezca, si se hace con amor y constantemente tendrá sus frutos… que la fe es algo que se vive y que debe transformarse en acciones… que las fronteras sólo están en los mapas y en la imaginación… que nadie puede imponerte un lugar en el mundo… que la fuerza y la valentía deben siempre acompañarse de sensibilidad y amor. La una sin la otra resulta vacía, no sirve… que uno siempre puede hacer grandes cosas por sí mismo, pero acompañados y en colectivo el mundo siempre pesa menos… que las mujeres podemos y debemos actuar por nosotras, y con ello se originan cambios para todos”.

[Discurso de Las Patronas al cumplir 20 años de labor humanitaria.]

En contraste, la labor “humanitaria” de los gobiernos Federal y de Veracruz ha consistido en obstaculizar el paso de los migrantes, exigiendo a las empresas ferroviarias que aceleren la marcha de los trenes para que la gente no pueda abordarlos, reforzando la vigilancia en las rutas de paso, obligando a los indocumentados a usar nuevos trayectos mucho más difíciles y peligrosos.

Humanismo real, no de membrete
El 14 de febrero de 2015, el obispo Raúl Vera López, ofició una misa a un lado de las vías y afirmó: “Las mujeres de la comunidad La Patrona contradicen el egoísmo, la soberbia y la voracidad que entre políticos y gobernantes han llevado al caos, donde la gente se tiene que mover para sobrevivir” (La Jornada, 15feb2015).

Por su parte, el padre Alejandro Solalinde, quien montó el albergue Hermanos en el Camino, en Oaxaca, también para apoyar a migrantes, celebró los 20 años “de entrega que sale del corazón y no sólo del bolsillo”. Agregó: “Las Patronas nos han enseñado que se puede tener una actitud diferente. Ellas han tenido el valor de convertirse de personas que prestan asistencia a ser defensoras de derechos humanos… Son un testimonio y una escuela para los estudiantes, para los universitarios, para las amas de casa, para los políticos”.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos también reconoció su labor en 2013, cuando les otorgó el Premio Nacional en ese campo. Ahora, se están recabando firmas para su postulación al Premio Princesa de Asturias. Se merecen estos y todos los premios, por su labor intensa, desinteresada, fraternal, y comprometida. Un premio las llenaría de regocijo, pero no se compara con lo que sienten cada día cuando entregan los “lonches” mientras el tren pasa veloz y escuchan a los migrantes que gritan agradecidos y les lanzan bendiciones que se desvanecen en el aire pero que a ellas les dejan un calor interno que no se ha apagado a lo largo de dos décadas.

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Recomendamos:
Animal Político: “La Patrona, la esperanza del migrante” (parte 1 / parte 2).
Rompeviento, programa Perspectivas: Bella y extensa entrevista (13 feb 2013).
El País: Fotorreportaje.
Video El País: 15 años de Las Patronas.
El sitio web de Las Patronas, para evitar que alguien solicite donativos a su nombre.
Las firmas que apoyaron a Las Patronas, para ser postuladas al Premio Princesa de Asturias.

[Gerardo Moncada]

 

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