Bienal de Pintura Rufino Tamayo 2014

Una aproximación a ese amplio y amorfo espectro que constituye la plástica que se realiza en México, es lo que intenta la Bienal de Pintura Rufino Tamayo 2014. De entrada, los curadores proponen que el público viva “una experiencia perceptual, intelectual y cultural”. En otras palabras, que abra su sensibilidad pero que también haga un esfuerzo de análisis y entendimiento.

 

Y la cita que añaden es inmejorable: “Lo que examinamos aquí no es el rescoldo de una tradición pictórica, sino la dilatación y las modulaciones de un abanico de discursos que se entretejen cada vez más” (Tony Godfrey).

 

Aun cuando pueda criticarse que la muestra está incompleta, es claramente apreciable el entramado de discursos, búsquedas, prácticas y técnicas que hoy palpitan en la pintura de nuestro país. La exploración geométrica (Guillermo Álvarez Charvel, Pablo Serrano, Marco Arce, Aníbal Catalán); la abstracción (Manuel Velázquez, José Ángel Robles); la crítica social (Fernando Sandoval García, Luis Alfonso Villalobos, Ángel Solano); de lo neofigurativo a la distorsión visual (José Luis López Galván, Víctor Rodríguez, Mauricio Limón, Miguel Ángel Vega Magallón, Carlos Cárdenas / Claudia Gallegos, Jc Zubiaur, Saúl Gómez Jiménez, Javier Peláez Gómez); imágenes recicladas o que imitan la reproducción técnologizada (Cecilia Barreto, David Garza); la experimentación como premisa (Óscar Mendoza Mancillas, Natalia Ibáñez Lario, Pablo Cotama, Sofía Fernández Díaz); y los que privilegian el concepto sobre los posibles resultados (Juan Hernández Téllez, Felipe Núñez, Heriberto Quesnel, Óscar Ratto).

 

En fichas que acompañan cada obra, el autor/la autora explica su idea artística. Resulta evidente que las recientes generaciones de artistas suman a sus diversas capacidades técnicas una sólida formación en historia del arte y de la cultura, así como un amplio conocimiento de la crítica del arte. Sin embargo, la teoría no siempre alcanza a materializarse en términos plásticos. Hay casos en que el sólido y convincente discurso no logra apreciarse en la obra expuesta.

 

En este sentido, es cierto que el arte conceptual demostró que la idea podía ser más importante que la obra misma, pero con el tiempo cada vez resulta más precario este precepto y se espera mucho más de la obra; cuando menos, que esté a la altura de las palabras que intentan respaldarla.

 

Por otro lado, no hay duda de que el escenario está incompleto, faltan en esta Bienal algunos artistas con trayectoria, pero debemos recordar que hubo una convocatoria que seguramente  no les resultó atractiva.

 

Precisamente, esa convocatoria establecía: “La Bienal de Pintura Rufino Tamayo tiene el objetivo de fortalecer las expresiones pictóricas nacionales y brindar un espacio de reflexión y análisis sobre la producción actual”. Nos gusten o no las obras presentadas, la Bienal cumple su cometido como visor y termómetro de buena parte de la plástica actual en México y, en ese sentido, es una experiencia cultural altamente recomendable.

 

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