El lobo estepario, de Hermann Hesse

El escritor alemán Hermann Hesse (2 julio 1877 – 9 agosto 1962) creó en esta novela un personaje fascinante, en el que habitan contrapuestos el instinto y el espíritu como dos polos en pugna.

¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? […] No puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan…

La humanidad con sus ansias y temores,
a la vez que sus cálidos y pútridos olores,
transpira santidades y pasiones groseras,
se devora ella misma y devuelve después lo tragado,
incuba nobles artes y bélicas quimeras,
y adorna de ilusión la casa en llamas del pecado;
se retuerce y consume y degrada
en los goces de feria de su mundo infantil…

El lobo estepario es el retrato de un ser atormentado, consciente de vivir escindido entre una realidad social que le resulta opresiva y sus más básicos y feroces instintos; es el individuo como campo de batalla entre humanidad y naturaleza.

Un lobo estepario perdido entre nosotros, dentro de las ciudades, en medio de los rebaños -más convincente no podría presentarlo otra metáfora, ni a su misántropo aislamiento, a su rudeza e inquietud, a su nostalgia por un hogar de que carecía…

Harry Haller es un hombre de mediana edad, de semblante triste pero despierto, “inteligente y espiritual y con las huellas de profundas cavilaciones”. Fue un intelectual, “escritor de talento, autor de observaciones dignas de ser leídas sobre la metafísica del arte”, pero ha renunciado gradualmente a lo que podría considerarse una vida convencional hasta llegar a un punto crítico en el que su parte animal repudia el conformismo de la sociedad, la docilidad con que la gente acepta las reglas sociales con tal de mantener vivas sus aspiraciones de confort.

Esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente…

Toda tu antigua fe en los hombres y en nuestro alto destino no ha podido ayudarte, ha perdido su valor y se hecho añicos. Tu fe ya no tenía aire para respirar. Y la asfixia es una muerte muy dura…

El lobo estepario es una áspera crítica social, pero también una búsqueda espiritual. Es una exploración filosófica con rasgos poéticos.

La clasificación de la literatura alemana tiene un apartado dedicado a las novelas que muestran el proceso de formación mental y del carácter de un personaje. Varios estudiosos han colocado ahí los libros de Hesse. Es el caso de Jorge Luis Borges, quien escribió: “Buena parte de la obra de Hermann Hesse corresponde a lo que en alemán se llama Bildungsroman, novelas cuyo tema central es la formación de un espíritu”.

UN PASEO POR EL INFIERNO

Estas anotaciones significan literalmente un paseo por el infierno, un paseo, ora lleno de angustia, ora animoso, a través del caos de un mundo psíquico en tinieblas, emprendido con la voluntad de atravesar el infierno, mirar frente a frente el caos, soportar el mal hasta el fin…

El lobo estepario es uno de esos libros cuya variedad de ideas, conceptos e imágenes literarias enriquecen cada línea invitando a efectuar una lectura detenida, municiosa, para oscilar entre la reflexión y el asombro.

…este cáliz había sido apurado, y ya no me lo volverían a llenar. ¿Había que lamentarlo? No. No había que lamentar nada de lo pasado. Era de lamentar lo de ahora, lo de hoy, todas estas horas y días que yo iba perdiendo, que yo en mi soledad iba sufriendo, que ya no traían ni dones agradables ni conmociones profundas…

El problema de Harry Haller no es sólo que posee dos naturalezas: una humana y otra lobuna, sino que ambas se odian y cada una martiriza a la otra. “Y cuando dos enemigos mortales están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible”.

H.H. son las iniciales de Hermann Hesse y de su personaje Harry Haller. Este personaje no era ajeno a la propia vida de su creador.

En una carta a André Gide, Hesse se declaraba “un viejo individualista que no tiene intención de adaptarse a ninguna de las grandes maquinarias”. En 1933, repudió el ascenso del nazismo al poder en Alemania, lo que le provocó un rechazo masivo de sus connacionales quienes lo acusaron de “traición a la patria”. El escritor se fue a vivir a Suiza. Toda su obra fue prohibida por las autoridades alemanas entre 1939 y 1946.

En su vida personal, Hesse tenía mucho de lobo estepario: escéptico de la política, desapegado al mundo material, enemigo de los reconocimientos públicos y tan solitario que en el jardín de su casa en Suiza había un letrero que decía: “Nada de visitas, por favor”.

SUEÑO, VENTURA… Y AMARGO DESTINO

El relato de El lobo estepario se desarrolla en primera persona, con dos momentos de excepción: una introducción y un tractat. La primera es escrita por un vecino que trabó una superficial pero cálida relación con Harry Haller, quien además encuentra los manuscritos de Haller y decide publicarlos con una breve explicación; el tractat es un folleto que llega a manos de Haller y que, sorpresivamente, explica en detalle la condición y las características del lobo estepario.

Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas…

Pero en medio de la libertad lograda se dio cuenta de que esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento…

Dicho tractat también describe el entorno social en que habita el lobo estepario, un ambiente donde predomina la vida aburguesada, donde la gente sacrifica la intensidad, el placer, la libertad para obtener seguridad, bienestar y comodidad. Son criaturas de débil impulso vital, miedosas, que temen la entrega de sí mismas y fáciles de gobernar. Un “rebaño de corderos entre lobos errantes”.

Sin embargo, no todos los lobos esteparios alcanzan un destino luminoso de acuerdo a su propia esencia, muchos de ellos se resignan o transigen, de manera que aunque desprecian la vida aburguesada permanecen en ella, incluso la robustecen y glorifican para poder mantenerse con vida. Aunque siempre existe la posibilidad de que una insignificancia los confronte consigo mismos y resurja la chispa lobuna.

Hay, por un lado, un mundo de ideas, sentimientos y cultura (de naturaleza sublimada), confrontada con un mundo sombrío de instintos, fiereza, crueldad (de naturaleza ruda). Pero entre ambos extremos hay una amplia gama de puntos medios. Nadie es una unidad sino “un mundo altamente multiforme, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades… El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero, es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu”.

…no está compuesto de dos seres, sino de cientos, de millares. Su vida oscila no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos…

Con una lograda tensión narrativa, esta novela es una exploración por caminos del existencialismo, corriente filosófica que tuvo una fuerte influencia en la literatura de finales del siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX. Se planteaba el análisis de la condición humana, el individuo inmerso en sus múltiples contradicciones y enfrentado a un mundo hostil y absurdo. De esta corriente filosófica abrevó Hermann Hesse al igual que Fiódor Dostoievski, Albert Camus, Franz Kafka, Thomas Mann, Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato, entre otros.

ANGUSTIA EXISTENCIAL

En las novelas de Hermann Hesse se combinan una impetuosa ansia de vivir y una constante reflexión del acontecer y el sentir; hay una cruda conciencia de la realidad mezclada con pasajes oníricos; la ficción desbordada va de la mano de la crítica política, social y cultural.

Los personajes experimentan profundas crisis. Cada una de ellas representa una pérdida, un escalón en descenso, pero también un aprendizaje y un avance en el proceso de liberación individual.

Cada vez que me desgarraba terriblemente las entrañas, había saltado roto en pedazos mi yo de cada época, siempre lo habían sacudido violentamente y lo habían destrozado potencias del abismo, cada vez me había hecho traición un trozo favorito y especialmente amado de mi vida y lo había perdido para siempre […] En todos estos sacudimientos de mi vida salía al final ganando alguna cosa, eso no podía negarse, algo de espiritualidad, de profundidad, de liberación; pero también algo de soledad, de ser incomprendido, de desaliento […] Mi vida había sido, de una a otra de estas sacudidas, un constante descenso, una distancia cada vez mayor de lo normal, , de lo permitido, de lo saludable…

Es el abrumador peso del desencanto, del desaliento.

Para mí no había objetivos, ni aspiraciones, ni deberes. La vida sabía horriblemente amarga; yo sentía cómo el asco creciente desde hace tiempo alcanzaba su máxima altura, cómo la vida me repelía y me arrojaba fuera […] todo hedía a corrupción manida, a putrefacta medioconformidad, todo era viejo, marchito, pardo, macilento, agotado […] ¿Cómo había venido esta paralización, este odio contra la propia persona y contra los demás, esta cerrazón de todos los sentimientos, este maligno y profundo fastidio, este infierno miserable de la falta de corazón y de la desesperanza?…

Es el repudio a las convenciones sociales envolventes, petrificadas, con su “mecánica eternamente ininterrumpida que les impide, igual que a mí, ejercer la crítica sobre la propia vida, reconocer y sentir su estupidez y ligereza, su insignificancia horrorosamente ridícula”.

Ya no podía soportar esta vida dócil, de fingimiento y corrección…

Pero la liberación también obliga a vivir sin asideros, y eso genera una enorme angustia.

Este terrible flotar en el vacío y en la incertidumbre, este estar condenado a lo efímero, a lo incompleto, a lo eternamente en ensayo y diletantesco…

Es por ello que algunos lobos esteparios renuncian a su naturaleza, transigen, y aceptan la derrota de sus sueños personales para abrazar esa realidad que todo lo adormece.

Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de sí lo otro, lo heroico y bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote […] Para este mundo sencillo de hoy, cómodo y satisfecho con tan poco, tú eres demasiado exigente y hambriento; el mundo te rechaza, tienes para él una dimensión de más…

UNA EFÍMERA ESPERANZA

Harry Haller es un alma atormentada que en forma azarosa -y efímera- rompe su aislamiento y se reconcilia con la vida, sólo para confrontar sus obsesiones bajo otra óptica.

De repente, otra vez cosas que me importaban algo, en las que podía pensar con alegría, con preocupación, con interés. Pronto una puerta abierta, por la cual la vida entraba hacia mí […] Mi alma, adormecida de frío y casi yerta, volvía a respirar, aleteaba soñolienta con débiles alas minúsculas […] Y esta maravillosa muchacha…

Oh, era ella como la vida misma: siempre momento, no más, nunca calculable de antemano […] parecía saber de la vida más que todos los sabios, se dedicaba a ser niña, al pequeño juego de la vida del momento, con un arte que me convirtió desde luego en su discípulo…

Un alma gemela que revive anhelos olvidados, una cómplice de la aventura de vivir.

Tú me necesitas porque estás desesperado y te hace falta un impulso que te eche al agua y te vuelva a reanimar. Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir […] Yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio la vida ni a las personas ni a mí misma […] Yo te enseñaré a bailar y a jugar, y a sonreír, y a no estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber, y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?…

Al abrirse a la interacción social, al amor, Haller no vuelve al mundo de antes, al que había abandonado, entra a un mundo desconocido.

Ante mí surgían relaciones y nexos nuevos, indirectos, complicados, nuevas modalidades de amor y de vida…

Pero aún en la dicha reencontrada, Haller no se engaña.

Quiero esta dicha, le estoy agradecido. Pero me doy cuenta de que no puede durar. También esta dicha es estéril. Satisface, pero la satisfacción no es alimento para mí. Adormece al lobo estepario, lo sacia. Pero no es felicidad para morir por ella…

Y es que un lobo estepario persigue pasiones absolutas.

Yo estaba lleno de anhelos ardientes, lleno de angustia sofocante, y me agarré fuertemente y con fiereza a María, recorrí una vez más, ávido y ebrio, todos los senderos y malezas de su jardín, me cebé una vez más en la dulce fruta del árbol del paraíso…

…en tanto yo estaba ocupado amable y delicadamente con las dulces y emotivas pequeñeces del amor, nadando al parecer en tibia ventura, me daba cuenta dentro del corazón de cómo mi destino se afanaba atropelladamente hacia adelante, corriendo impetuoso como un corcel bravío, cara al abismo, cara al precipicio, lleno de angustia, lleno de anhelos, entregado con complacencia a la muerte […] Una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no eran cosas para mí…

UN ANHELO ESPIRITUAL

El lobo estepario es una aventura espiritual, casi metafísica.

Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tiene su estilo, tienen sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; aceptan ciertos males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan… Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte que tiene que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia…

El cuestionamiento llega a las raíces.

Lo que nosotros llamábamos “cultura”, espíritu, alma, lo que teníamos por bello y por sagrado, ¿era todo un fantasma no más, muerto hace tiempo y tenido por auténtico y vivo todavía solamente por un par de locos como nosotros? ¿Acaso no habría sido auténtico nunca ni habría estado vivo jamás? ¿Habrá podido ser siempre una quimera y sólo una quimera eso por lo que tanto nos afanamos nosotros los locos?…

No es la quimera de un solo individuo, sino la enfermedad del siglo mismo, la neurosis de aquella generación que ataca no sólo a las personas débiles e inferiores, sino precisamente a las fuertes, las espirituales, las de más talento…

Será en el delirio donde Haller confrontará sus propias emociones, ansiedades, obsesiones para llegar a una pregunta esencial: ¿acaso el tono de una época, definido por sus gustos, modas, maquinarias, emociones, hábitos e instrumentos tecnológicos define el derrotero del mundo, la pérdida de valores espirituales, la desaparición de los avances de la cultura y del pensamiento? Sí, y no.

Usted oye y ve una parábola de la vida misma. Cuando está usted escuchando la radio, oye y ve la lucha eterna entre la idea y el fenómeno, entre las eternidad y el tiempo, entre lo divino y lo humano. Igual que la radio va arrojando a ciegas la música más magnífica del mundo por los lugares más absurdos, entre personas que están charlando, comiendo, bostezando o durmiendo, así como despoja a esta música de su belleza sensual, la estropea, la embadurna y la desgarra y, sin embargo, no puede matar por completo su espíritu; exactamente lo mismo actúa en la vida la llamada realidad […] introduce por todas partes su técnica, su actividad febril, su miserable incultura y su frivolidad entre el pensamiento y la realidad, entre la orquesta y el oído. Toda la vida es así […] ¡Aprenda a tomar en serio lo que es digno de que se tome en serio, y ríase usted de lo demás!…

Pero hay algo definitivo para Harry Haller: es en la exposición de las ideas propias y en el debate con los otros donde el pensamiento adquiere plena claridad, donde el conocimiento ya adquirido se esclarece y aflora su significado profundo, es en el intercambio con los demás donde la vida adquiere sentido.

En 1928, Thomas Mann dijo acerca de El lobo estepario: “Es un libro que, después de tanto tiempo, me enseñó de nuevo qué significa leer”.

OUTSIDER DE TIEMPO COMPLETO

El lobo estepario fue publicado en 1927. En su momento causó controversia; luego pareció haber sido olvidado pero en la década de 1950, y más aún en los agitados sesentas, recobró gran popularidad.

La investigadora Annunziata Rossi escribió: “En los Estados Unidos la obra de Hesse fue redescubierta por Timothy Leary, ex profesor de filosofía de la universidad de California de la que había sido expulsado por sus experimentos de droga con los estudiantes. Teórico de la cultura psicodélica y underground, Leary recomendaba a los hippies la lectura de Hesse, al que consideraba como ‘el profeta del underground‘: “Lean diez páginas de Hesse antes de tomar una pastilla de LSD”. Ya en los años cincuenta, el jefe de los “jóvenes iracundos” Colin Wilson, en su The Outsider de 1957, había designado a Hesse como jefe de su grupo. La Psicodelic Review declaraba que nadie había descrito con tanta lucidez el viaje al interior de la conciencia. Una joven de Nueva York explicaba de este modo la influencia del escritor alemán: “Hesse es el fermento antimaterialista que América necesita”. La problemática hessiana respondía en muchos aspectos a las exigencias de renovación individual y de paz —eran los años de la guerra de Vietnam y de la generación hippie-. El llamado de Hesse a no conformarse con el mundo burgués y a rechazarlo logró fomentar la rebeldía de no pocos jóvenes desesperados y en crisis, y no sólo en los Estados Unidos. Muchas fueron las generaciones del siglo XX a las que el escritor alemán ayudó a entenderse, a “dimensionar” como “normales” vivencias hacia las que los “bienpensantes” burgueses mostraban desprecio o ironía” (Recuerdos y notas del siglo XX. Hermann Hesse y los jóvenes en los sesenta, Acta poética, sep/nov 2004.)

El propio Hesse no fue tan optimista. En los años en que recobraron popularidad sus libros, declaró que El lobo estepario era frecuentemente y violentamente mal entendido.

Su gusto por ir a contracorriente tuvo un momento culminante en 1946, cuando la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura “por sus escritos inspirados que, al crecer en osadía y penetración, ejemplifican clásicos ideales humanitarios y altas calidades de estilo”. Reacio a las presentaciones públicas, Hesse no acudió a la entrega del premio.

[ Gerardo Moncada ]

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