Las trampas del amor: Pawlikowski, Malick, Godard, Runge, Truffaut, Allen, Chazelle, Haneke, Burton, Westmoreland, Wenders

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El amor es quizá el tema más recurrente en la historia del cine. Los espectadores se han estremecido con amores imposibles, o con crudas relaciones de poder, con enredos y engaños, o con relaciones que hacen perder la razón. Esta es una breve selección, sobre todo de años recientes.

AMORES IMPOSIBLES

Guerra fría (Pawel Pawlikowski, 2018).

Historia de amor y dolor de una pareja; dolor porque no pueden desprenderse el uno del otro y, sin embargo, no logran salvar su relación (por las circunstancias, por el entorno, por ellos mismos). La historia se desarrolla entre 1949 y 1964, en el ambiente artístico de Europa del este (Varsovia) y del oeste (París). Con una narración cuidadosa, el filme entrelaza múltiples temas como el arte, la cultura popular, la creatividad artística, el control político, la búsqueda de libertad, el espionaje, el choque cultural, el racismo, la vida en el exilio… Pero el amor es el hilo conductor, con sus dificultades, dudas, insatisfacciones, temores, decepciones, celos y poderosas ataduras. “Hecho de piedra mi corazón debió haber sido, para que ese chico no se hubiera enamorado de mí”, canta la amante. Con una excelente recreación de la época y una fotografía impecable, esta triste y bella historia muestra que el amor no es suficiente para superar las circunstancias y, sin embargo, el amor lo es todo.

Canción a canción (Terrence Malick, 2017).

Dos parejas se acercan, se cruzan, se traicionan. Relato íntimo de cuatro individualidades, más de pensamientos que de diálogos. Mientras los personajes se guardan lo más profundo de sus sentimientos, buscan vivir experiencias, vibrar en el extremo (eso es lo real), estar en la exaltación constante, sentir con la mayor intensidad posible (aunque sea doloroso). Los pensamientos se agolpan, los silencios se alargan, dan paso a juegos de gestos, de miradas… En el mundo material y codicioso de la producción musical, los personajes ven crecer o desbaratarse sus anhelos y sus pasiones, bajo juegos de dominación y relaciones con medias verdades. Son jóvenes que no creen lo suficiente en el amor o que temen ser consumidos, que rehuyen las ataduras y los arraigos, aunque en el fondo sólo deseen “rodar y abrazarse, vivir de canción en canción, de beso en beso”. Con una inquietante fotografía que recurre a los primeros planos con gran angular (como estar sin estar), rodada sin guión para captar con espontaneidad “la verdad”, Malick creó una compleja poesía visual con una historia de engaños, cinismo, celos y miedo al amor.

La La Land (Damien Chazelle, 2016).

Anticomedia musical que relata el encuentro / desencuentro de una pareja. Los personajes son seres desencantados de la realidad en la que habitan, su humor es ácido, viven abrumados por la frustración, el rechazo o la mala suerte. Sus conflictos son ásperos. Al encontrarse y establecer una relación, sus vidas no dejan de ser complejas, agridulces, demandantes de renuncias, fuente de sueños rotos. Con diálogos chispeantes, La La Land inserta el drama, la decepción, el desencanto en la médula de la comedia musical romántica, el género que se regodeaba en la fantasía y aquí se hunde en la cruda realidad. Es cierto que el propio Chazelle declaró: “No importa lo mal que puedan ir las cosas, siempre debería haber espacio para los sueños, para la esperanza, para la alegría y el amor, la belleza y el arte”. No obstante, en su filme hay una fuerte presencia de un ingrediente amargo, muy propio de los tiempos actuales.

Masculino femenino (Jan-Luc Godard, 1965).

Historia de una relación de jóvenes que con azoro y entusiasmo saltan al mundo de los adultos en plena época de agitación: la década de 1960. No es un relato lineal, tampoco cronológico; es un conjunto de momentos, como una imagen cubista con múltiples ángulos desde los que se observa un intento de relación. Godard configura un fresco del París de 1965, con la ebullición de las ideas políticas y múltiples cuestionamientos a la vida convencional: el orden social, la moral, la vida laboral… A medio siglo de distancia, sigue siendo fresco e interesante el planteamiento del cineasta acerca de los géneros de sus personajes: el hombre busca certezas; la mujer, experiencias. El hombre impulsa cambios para configurar una nueva estabilidad; la mujer quiere cambios para el crecimiento personal.

JUEGOS DE PODER

La buena esposa (The Wife, Bjorn Runge, 2017).

En la cima del éxito literario, una pareja madura entra en crisis. El dique de los secretos se resquebraja y el fango comienza a ahogar a la pareja y salpica a quienes están cerca. Intensa historia, dirigida con la maestría de la escuela sueca heredera de Ingmar Bergman, donde la perfección técnica es un recurso para explorar el mundo interior de los personajes. En varios giros narrativos y con una tensión creciente, afloran múltiples matices de la pareja para revelar que no hay víctima ni victimario sino una relación construida con una densa amalgama de control, subordinación, condescendencia, complicidades, renuncias, resentimientos, engaños, autodesprecio, anhelos soterrados, inseguridades, humillaciones… y sí, pese a todo, amor. Con escenas como la noticia de un parto enmedio de una agria discusión o el abandono de la medalla del Nobel (no abundo en detalles por quienes no han visto la película), el relato crea contrastes de tono muy atinados, para construir, con tensión y distensión, un retrato fiel de la vida conyugal.

Colette (Wash Westmoreland, 2018).

En los últimos años del siglo XIX, una rebelde joven provinciana se casa con un escritor y editor francés, y de golpe entra al mundo literario y escénico de una Francia en intensa transformación cultural y ávida de nuevas expresiones. Bajo la exigencia y conducción del marido, ella comenzará a escribir libros de fuerte sensualidad que no serán publicados con el nombre de la autora (Sidonie-Gabrielle Colette) sino con el apelativo de su esposo: Willy. Con una escrupulosa recreación de la época, aunque con cierta rigidez cronológica, la película retrata el proceso de progresivo empoderamiento y liberación de Colette ante un marido infiel, dominante y manipulador. “Ahora, cuando me siento despertar, no anticipo ya el final sino un destello de buena suerte, algún milagro corriente que, como un eslabón brillante, viene una vez más a enmendar el collar de mis días…” El matrimonio duró sólo 13 años y de él surgió una figura consolidada en la escena cultural y una de las autoras más famosas en la historia de la literatura francesa. La película tiene destacadas actuaciones y una fotografía adecuada, pero no logra transmitir con plenitud esa voluptuosidad tan aplaudida en las novelas de Colette.

Ojos grandes (Tim Burton, 2015).

Otro caso célebre de suplantación artística. Una joven e insegura pintora se casa con un carismático pintor aficionado. El marido comenzará a cobrar fama como autor de los cuadros de la esposa y ambos caerán en tobogán demencial de chantaje emocional, amenazas y tiranía. El siempre eficaz y alucinante Burton recrea la historia de Walter Keane, quien adquirió popularidad masiva en los años de 1950 con retratos infantiles de grandes ojos. Con espléndidas actuaciones y una trama que nunca decae, así como una ambientación impecable, el director relata todo el proceso destructivo de este matrimonio, donde la satisfacción y realización del marido exige el anonimato y la esclavitud de la esposa.

ENTRAMPADOS EN EL AMOR

La favorita (Yorgos Lanthimos, 2018).

¿Hay lugar para el amor en un entorno de intrigas, forcejeos, ambición de poder y traiciones? Sí, de hecho el amor suele estar aderezado con esos condimentos. En la corte inglesa, a principios del siglo XVIII, la reina Ana de Gran Bretaña vive permanentemente enferma y quien gobierna de facto es Sarah Churchill, su consentida y amante secreta. La llegada de Abigail, una pariente de Sarah, trastocará los frágiles equilibrios políticos y amorosos. La película realiza una minuciosa recreación de época con aciertos en iluminación, maquillaje y vestuario; destacan asimismo su fotografía atrevida (desconcertante por momentos) y los riesgos que corre en el guión al introducir guiños contemporáneos en una trama de hace 300 años (sobre todo en el rol de Abigail). La interpretación de la reina Ana ha sido amplia y merecidamente elogiada, pero no tanto el de Sarah, uno de los roles más sólidos que ha desempeñado en su carrera Rachel Weisz. En esta historia el amor es un elemento estratégico, maquiavélico, que puede inclinar la balanza de las decisiones políticas y también convertirse en una trampa.

Conocerás al hombre de tus sueños (Woody Allen, 2010).

Persiguiendo el anzuelo del amor, hombres y mujeres se van enredando hasta quedar atrapados en una red de engaños, desilusión y mediocridad. A mayores ambiciones, más grandes frustraciones. “Dado todo el dolor e incertidumbre de la vida, ¿cómo podemos seguir adelante? A veces las ilusiones trabajan mejor que la medicina”. En la extensa filmografía de Allen, el amor es un elemento medular. Aquí sigue el modelo de varias historias personales que se entrecruzan. Las escenas son cortas, con pinceladas que robustecen a cada personaje. Allen también es experto en filmar largas tomas, sin cortes, en espacios cerrados, con gran eficacia narrativa. El filme cuenta con un excelente guión y actuaciones de primer nivel. Recurre, quizá en forma innecesaria, a un relator en tercera persona que aclara los saltos temporales del relato. Pero es un detalle menor para un filme maduro y sólido.

Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986).

Otra historia de Allen de alta solidez en la trama. Es una historia agridulce que combina drama y humor, cuenta con ingeniosos juegos verbales y gags visuales inolvidables. En ella, Allen retrata circunstancias frecuentes en las relaciones amorosas, como los sentimientos cruzados, la excitación que provoca lo inalcanzable, la incapacidad para decir la verdad, la rutina con su carga de tedio y su dosis de seguridad. A su manera y en la medida de sus posibilidades, los personajes le buscan un sentido a la vida, en la que el amor tiene tanta importancia como Dios. Es un relato con varios bucles y un cierre redondo.

AMOR Y LOCURA

Amor (Michael Haneke, 2012).

Retrato profundamente humano de una pareja senil que ve cómo su confortable cotidianidad de golpe comienza a desmoronarse ante la aparición de una enfermedad. Intentan aferrarse a la rutina construida en común, con cálido acompañamiento, pero el deterioro de la relación -como la enfermedad- es inevitable, crónico, progresivo. La dignidad con que los personajes enfrentan su cruda condición resulta estremecedora. Con una mirada atenta, el director utiliza un estilo que recuerda el movimiento Dogma 95, con largas tomas y escenas que transcurren en tiempo real, sin efectos especiales, reduciendo al mínimo el uso del montaje para no facilitarle el trabajo a sus actores. No hay concesiones en la exploración de las más profundas pulsiones de esta pareja. Es un relato de altos contrastes, de profunda emotividad y a la vez de dureza extrema; dramático y tierno.

París Texas (Wim Wenders, 1984).

Un hombre sale poco a poco de un trance de varios años para descubrir que la familia que creía perdida está con vida, dispersa. Entonces comienza a tratar de rehacer esas vidas que fueron transtornadas por su amor profundo, tan intenso que se volvió asfixiante y devorador. La historia es una permanente intriga que se va develando pausadamente, con avances hacia adelante y hacia atrás. El personaje central hará grandes esfuerzos para rescatar los vínculos que su amor destruyó, pero sin confesar una decisión que garantizará la conservación de esos lazos, una decisión que sorprenderá y dará a la historia un tono amoroso y amargo. Wenders creó una cinta redonda en todos los aspectos, con magníficas actuaciones, una fotografía impecable y la conmovedora música de Ry Cooder.

La piel suave (Francois Truffaut, 1964).

Un escritor famoso inicia un romance con una azafata y su vida familiar y personal se torna caótica. Con una equilibrada combinación de tomas cortas y planos-secuencia, de tomas abiertas que alternan con primeros planos, Truffaut logra una elevada eficacia narrativa que por igual sigue la evolución de la historia y la perturbación sentimental de los personajes involucrados. “Desde que te conozco soy otro hombre. Y este hombre no puede vivir sin ti”. Truffaut sostenía que los niños tiene la piel dura, que resisten todo; los adultos, en cambio, se tornan frágiles, tienen la piel suave. Con minuciosidad, recrea los avatares que enfrenta el esposo infiel poseído por el deseo, en una sociedad y una época de fuertes restricciones morales. La sucesión de acontecimientos deriva en sorpresas, unas gozosas, otras trágicas. El desarrollo del relato hace suponer que el hombre tiene el control y los beneficios en el triángulo amoroso, pero tarde descubrirá con qué mujeres estaba tratando.

[ Gerardo Moncada ]

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