Elegías, de Sexto Propercio

Una de las grandes figuras de poesía latina, y una de las más difíciles porque abunda en pasajes oscuros, es Sexto Propercio. Se cree que nació en el 47 a.C. y murió el 15 a.C. El maestro en Letras Néstor Manríquez Lozano nos invita a explorar con atención las Elegías.

¡Manes y poesía sagrada de Calímaco y de Filetas de Cos,
permitidme, os suplico, la entrada en vuestro bosque!
Yo, sacerdote procedente de una fuente pura, soy el primero que me
atrevo a poner las danzas itálicas en ritmos griegos.
Decidme, ¿en qué cueva habéis modulado juntos vuestro tenue
canto? ¿O con qué pie entrasteis y de qué agua bebisteis?
¡Adiós a todo el que retenga a Febo entre las armas!
vea la luz el verso bien terminado con la suave piedra pómez,
gracias al cual la Fama me lleva en alto sobre la tierra, y la
Musa de mí nacida celebra el triunfo en corceles enjaezados,
y en el carro me acompañan los pequeños Amores,
y un tropel de escritores sigue la estela de mis ruedas.
¿A qué lucháis en vano contra mí a rienda suelta?
No es ancho el camino que conduce hacia las Musas.
Muchos, Roma, añadirán alabanzas a tus anales,
los que canten que Bactria será el límite del imperio:
pero mi pluma ha traído esta obra, para leerla en tiempo de paz,
desde el monte de las Musas por un camino no hollado.
Conceded, descendientes de Pegaso, delicadas guirnaldas a vuestro
poeta: no se acomodará a mi cabeza una áspera corona.
Pero a mí lo que en vida me quite la envidiosa multitud,
tras mi muerte el Honor me lo devolverá multiplicado por dos.
Después de la muerte el paso del tiempo lo engrandece todo:
tras las exequias mayor viene la fama a los labios.
Pues, ¿quién sabría que unas murallas fueron derribadas por un caballo
de madera, que los ríos lucharon cuerpo a cuerpo con el héroe tesalio
(el Símois de Ida y el Escamandro, descendiente de Júpiter) y que
Héctor manchó tres veces las ruedas de su carro por las llanuras?
A Deífobo, a Heleno, a Polidamante y a Paris, una calamidad
en la guerra, apenas su propia tierra los conocería.
Pocas palabras merecerías ahora, Ilión, y tú, Troya,
dos veces conquistada por el poder del dios del Eta;
fue el famoso Homero, narrador de tu infortunio,
quien percibió que su obra crecería con el paso del tiempo.
A mí también me alabará Roma entre sus últimos descendientes:
yo mismo auguro este día después de mi muerte.
Que una lápida no señale mis huesos en un olvidado sepulcro:
lo profetizó el dios Licio que aprueba mis deseos.
(Propercio, Elegías, 3.1)

Asís es una pequeña ciudad italiana ubicada en la provincia de Perugia, en Umbria, que apenas alcanza los 26 mil habitantes. Su nombre nos trae a la cabeza de inmediato a uno de sus más famosos habitantes, Giovanni di Petro Bernardone, mejor conocido como San Francisco de Asís, ejemplo e imagen para el cristianismo del voto de pobreza y espiritualidad y a cuya figura se debe la formación de innumerable cantidad de asociaciones religiosas que sobreviven hasta nuestros días y, también, el nombre que ahora porta Jorge Mario Bergoglio como sumo pontífice de la Santa Iglesia Católica.

La enorme fama alcanzada por San Francisco es una gran sombra que normalmente oculta otro nombre mucho más antiguo, de un nacido en dicha ciudad de la provincia de Perugia y en una región que en época romana ya portaba su nombre moderno: Umbria. El poeta Sexto Propercio fue uno de los más reconocidos autores de la época augusta y su biografía y relevancia se encuentran tan fragmentadas como su propia obra. Entre otros poetas de enorme fama, como Virgilio, cuya presencia atemporal es innecesario remarcar y quien se convertiría, por ejemplo, en el guía del inframundo para Dante Alighieri en su Commedia, u Ovidio, cuyas Metamorfosis fueron, junto con la Biblia, los libros de mayor relevancia e influencia durante el Renacimiento, la figura de Propercio parece a veces pequeña o irrelevante. Sin embargo, no lo es.

El poeta romano mismo es el que nos revela su origen en su obra:

Porque me preguntas, por nuestra larga amistad, Tulo, cuál es mi linaje, qué origen tengo y cuáles son mis dioses familiares: si te son conocidas los sepulcros perusinos de nuestra tierra natal, tumbas de Italia en tiempos difíciles cuando la discordia en Roma llevó a sus propios ciudadanos (así, Polvo Etrusco, especial motivo de dolor para mí: Tú has permitido que los miembros de alguien cercano quedaron sin sepultura, tú no cubres los huesos del desgraciado con ninguna tierra) ahí cerca de Umbria, en el límite del llano bajo ella, una fértil tierra de ricos campos, me engendró (Propercio, Elegías, 1.22).

Este poema cierra el primer libro de Elegías que es también el único cuyo orden y estructura podemos confiar al autor. El uso de un texto corto, de apenas 10 versos, como cierre tiene como fin marcar la conclusión de un libro poético, nos evoca el género funerario epigramático, punto que será de gran importancia recordar más adelante, y “sella” la obra intentando remarcar la autoría de su texto. El proceso de construcción de una identificación entre la obra y el poeta es algo que apareció ya tardíamente en la literatura griega pero, en los autores romanos, frecuentemente funciona como un mecanismo poético indispensable.

La estructura del libro, a través de la interacción entre el poema escrito y el lugar que ocupa dentro de las Elegías, nos da mucha información sobre este primer volumen de la obra; sin embargo, no podemos decir lo mismo del orden de los siguientes tres libros que completan esta obra y que, desgraciadamente, han llegado hasta nuestro tiempo con graves dudas sobre su orden o si ciertos grupos de poemas pertenecen a un libro u otro. Eso ha provocado, como dijimos al comienzo, que la comprensión de la obra del poeta de Asís esté condicionada por el mismo desorden, fragmentación y pérdidas que observamos en sus escritos.

Yo era libre y pensaba vivir solitario en mi lecho,
pero Amor me engañó después de firmada la paz.
¿Por qué sigue en la tierra este rostro humano?
Júpiter, perdono tus antiguos adulterios.
Su cabello es rubio, largas las manos, esbelto todo su
cuerpo, y su andar digno es incluso de la hermana de Júpiter,
o de Palas cuando pasea junto a los altares de Ítaca con el
pecho cubierto con los cabellos de serpiente de la Górgona;
su belleza es igual a la de la heroína Iscómaca de los Lápitas,
botín para los Centauros en medio de su embriaguez,
o como se dice de Brimó, quien en las sagradas aguas de Bebeis
puso su virginal costado junto a Mercurio.
¡Retiraos ya, diosas, a quienes ha tiempo un pastor vio
quitarse las túnicas en las cimas del Ida!
¡Ojalá la vejez no cambie esta belleza,
aunque tenga los siglos de la Sibila de Cumas!
(Propercio, Elegías, 2.2)

Propercio en su momento fue considerado uno de los poetas más importantes para el emperador Augusto, joven heredero de Julio César, que fue un obsesivo cultivador del campo artístico literario con la intención de que éste funcionara, a través de poetas del más alto nivel, como afianzadores de su poder.

Los poetas augustos, entre los que podemos contar los preclaros nombre de Horacio, Virgilio, Ovidio y Tibulo, normalmente contaban con el apoyo económico de Cayo Mecenas (cuyo nombre metonímicamente ahora designa a cualquier patrocinador), y Propercio también gozó de este auspicio económico. Como agradecimiento, los “mecenas” encontraban una dedicatoria especial en muchos de los poemas de sus patrocinados. Pero también existían dedicatorias hacia muchos otros tipos de personajes: individuos conocidos para los contemporáneos lectores del poeta, amigos, amantes o políticos. En el caso de Propercio existen dos personas que ocupan centralmente las dedicatorias e ideas en sus poemas: Tulo y Cynthia. Ambos aparecen mencionados, haciéndonos notar la importancia que tendrán en la obra, desde el poema inicial de las Elegías, el cual normalmente se desenvuelve como un programa poético y prólogo a lo que vendrá en los poemas sucesivos:

Cynthia fue la primera que me capturó con sus ojos, miserable de mí, con ningún contacto anterior con los deseos amorosos… (Propercio, Elegías, 1.1.1-2)

Milanión no huyendo ningunos trabajos, Tulo, doblegó la crueldad de la dura hija de Jaso… (Propercio, Elegías, 1.1.9-10).

Si observamos con atención, el destinatario del poema es Tulo, tío paterno del autor e importante personaje político, pero, en realidad, el punto central de atención es Cynthia, la mujer que será obsesión permanente del poeta pero cuyo nombre será, al mismo tiempo, una representación metafórica del primer libro de Elegías de Propercio, como se verá un poco más adelante.

Pocos detalles emanan de la obra de Propercio para reconstruir su vida, podemos deducir que formaba parte de una familia acomodada perteneciente a la clase política y militar romana cuyas raíces en su ciudad natal la hacían notable dentro de su entorno social. También que, al igual que sus contemporáneos Virgilio y Horacio, después del desarrollo de la Guerra Civil donde tomaron el lado que eventualmente sería derrotado, perdió gran parte de sus propiedades para después, paradójicamente, representar al gobierno de Augusto y hacer de su poesía un emblema del emperador.

La elegía en Roma

La relevancia de la obra properciana se encuentra en la definición y adaptación de distintos temas para consolidar un género tan emblemático para la literatura latina como fue la elegía.

La elegía surgió en Roma, no como un género nuevo sino como una apropiación de una línea literaria (en realidad, oral) que encuentra sus raíces en Grecia arcaica en siglo VII y VI a.C. Originalmente enfocada en empujar y animar a los militares en el campo de batalla, encontramos en los textos conservados de autores como Calino y Tirteo versos que todavía en esta época resuenan como himnos de defensa patria que tienen un efecto en los lectores.

Tras el final de la guerra civil en Roma y el conflicto sangriento que dividió a la sociedad, el género elegíaco encontró en poetas como Propercio, Tibulo y, de forma magistral, Ovidio, un medio de expresión de las realidades sociales cotidianas con menciones naturales a la muerte (al ser un elemento presente para cualquier romano) y al amor (que en cualquier sociedad y tiempo siempre será una preocupación ineludible). Pero los poetas buscaron renovar ese género y hacerlo propiamente romano fincando en él puntos importantes de la visión augusta, como el papel de la mujer en esta república convertida en imperio y la forma en que la literatura helenística configuraría los nuevos géneros romanos funcionando como un método o punto medio entre la literatura griega arcaica y la nueva literatura romana.

¡Oh feliz de mí! ¡Oh noche para mí radiante! ¡Oh lecho,
que has ganado dicha con mis goces!
¿Cuántas cosas nos dijimos a la luz del candil
y vaya gresca hubo al apagar la luz!…
Yerra quien le busca fin a un amor insensato:
Un amor verdadero no sabe ser comedido… (Propercio, Elegías, 2.15).

La mezcla de los elementos bélicos y amorosos en la poesía elegíaca romana es una característica típica que pretende establecer paralelos entre los constantes enfrentamientos entre un amante y su objeto amoroso. Los abundantes ejemplos de explícita sensualidad entre amantes míticos (Paris y Helena, Marte y Venus), pretenden encender en el lector una idea mucho más profunda de la relación que Propercio intenta describirnos con Cynthia a lo largo de su obra. Lo explícito de los actos amorosos y el enamoramiento descarnado siempre culmina en un mismo punto: el epicureísta disfrute del “aquí y ahora” ante la inminente pérdida de todo y la muerte como un punto ineludible que terminará por alcanzar todo y a todos (tal como la muerte es también omnipresente en cualquier campo de batalla o enfrentamiento militar). Parece que para los autores elegíacos, la muerte y el amor están en una notoria y explícita relación.

La elegía decía mucho entre líneas sobre un nuevo proyecto poético que fundía las más variadas influencias literarias y fue, en su momento, el más disfrutado y difundido género en la sociedad romana, al grado que estableció las bases literarias para los autores que continuarían escribiendo durante toda la época imperial.

Cynthia, eternamente

Propercio cultivó ese nuevo enfoque de la elegía y en ese género reunió sus temas de interés y sus esperanzas. El autor expresa explícitamente su anhelo en ser considerado de renombre para la posteridad en el poema con el que cierra su segundo libro:

Porque Cynthia será alabada también por el verso de Propercio, si Fama quiere ponerme entre ellos [los poetas más importantes]… (Propercio, Elegías, 2.34.93-94).

Es evidente también el importante papel que Cynthia seguía teniendo en su obra. A pesar de que existen muchas teorías sobre la identidad de esta mujer, los escasos datos biográficos del poeta de Asís nos impiden confirmar o refutar la relación de dicho nombre con algún personaje histórico rastreable; sin embargo, sí podemos insistir en la relación entre dicho nombre y la obra de Propercio como un todo, es decir, parece que Cynthia funciona como un nombre clave para la obra elegíaca de Propercio:

¿Tú hablarías, cuando eres ya el objeto de chismes por el éxito de tu libro y tu Cynthia se lee por todo el foro?… (Propercio, Elegías, 2.24a.1-2).

Cynthia será su medio para eternizarse y, al mismo tiempo, la persona que Propercio eternizará en su obra. La plena conciencia sobre la trascendencia de lo escrito se repite, únicamente interrumpida por la eventual llamada de la muerte que hace su aparición constantemente, y que incluso se remarca en el hecho de que él mismo redacta dentro de sus poemas el epitafio que deseará que se encuentre en su tumba:

Después, donde el ardor me haga cenizas debajo y una pequeña urna reciba mis restos, que haya un laurel en mi exiguo busto, y que haya dos versos: “AQUÍ AHORA YACE, POLVO TERRORÍFICO, ÉSTE ERA ANTES UNO, ESCLAVO DEL AMOR”… (Propercio, Elegías, 2.13b.31-36).

Dicha reflexión, que a momentos parece obsesión, sobre la inexorable muerte y su constante presencia hizo que no sólo pensara Propercio en un epitafio propio sino también en el de Cynthia:

Y el viajero pasará despreciando tus huesos, sin decir: “Estas cenizas fueron una docta muchacha”… (Propercio, Elegías, 2.11.5-6).

Un poema que describe un epitafio oral que no va a existir, una negación a la eternidad de parte de una persona que pasará sobre la tumba del objeto amoroso del autor, obviamente invocando el olvido de cualquier ser humano cuando no encuentra a alguien que pueda eternizarlo, como lo hace Propercio con su pluma. Básicamente el poeta está amenazando a Cynthia y diciéndole que sin él, el único destino que tendrá será la nada.

Amor, muerte y posteridad

Comenzamos a notar también que el tema sepulcral está intrínsecamente relacionado con el amor. Hay un objeto amoroso que invoca constantemente a la muerte como compañía en una visión poética que, aunque anacrónicamente, nos expone una postura que fácilmente nos haría pensar en el romanticismo alemán. En el poema que abre su segundo libro de Elegías, Propercio nos da su programa poético y justifica la constante aparición del amor en su obra así como los otros temas que podría explotar en ella:

Me preguntas por qué escribo tanto sobre amores y por qué mi libro llega suave a los labios. No me lo canta Calíope ni Apolo. Mi muchacha hace la inspiración para mí… (Propercio, Elegías, 2.1.1-4).

Cynthia es la inspiración de su obra y su obra es Cynthia. Es indisoluble la relación entre la mujer como objeto amoroso y crear poesía como un acto de amor de parte del poeta. Las Elegías conservarán su nombre más allá de la muerte y éstas guardan su propio epitafio y el de su libro en un ejercicio metatextual que es a todas luces sorprendente. La descolocación cronológica y la anticipación a lo que sucederá cuando su libro sea leído dentro de mucho tiempo, incluso en los ya dos milenios que han pasado para llegar hasta nosotros, parece estar latente en la mente de Propercio y la conciencia de esta separación lo hace un autor bastante moderno. Pero el amor a veces puede ser también una opresión, un amor que podemos interpretar como ocasional falta de inspiración que debe ser propiciada encomendándose a Baco o, en palabras más llanas, bebiendo vino para atraer las palabras a su mente:

Yo entonaré sucesos que deben ser recordados con el estilo no humilde, tal como suena la inspiración en la boca pindárica: tú hazme sobrevivir de esta altiva esclavitud y derrota con este sopor mi solícita cabeza… (Propercio, Elegías, 3.17.39-42).

Propercio es honesto sobre los momentos difíciles que puede experimentar un poeta, nos menciona su epitafio y el de su amada para exponer, por un lado, su mortalidad y por otro lado la confianza en que dichos epitafios serán bien conservados en estos versos. Pero en un poema lleva esto más allá y nos expone a Cynthia, ya fallecida, como un fantasma que vuelve para atormentarlo:

Existen los Manes: La muerte no termina todo, y una pálida sombra huye de la pira apagada. Pues Cynthia ha sido vista por mí inclinándose sobre mi lecho, murmurio de la enterrada a una orilla del camino, cuando mi sueño pendía de las exequias del amor y me lamentaba en los helados reinos de mi lecho… (Propercio, Elegías, 4.7.1-6).

Afirmar que la muerte no es el final no sólo es una explicación a la fantasmal aparición de Cynthia, también nos hace ver entre líneas que la supervivencia más allá de la tumba es posible y el cuerpo desechado y enterrado será superado por algo que lo trasciende y que, evidentemente, puede ser la poesía.

Podemos ver así que la poesía properciana, que inicialmente es engañosa y nos podría hacer pensar que únicamente se mueve en una corriente y melosa mención constante del amor y sus dolores, es, en realidad, un entramado poético de preocupaciones trascendentes que van dejando su disfraz cuando mayor atención prestamos a lo que el poeta se sincera en exponernos. Esto da testimonio de la importancia de Propercio y su obra que, tomado como inspiración, ha llegado hasta la actualidad en, por ejemplo, la pluma de un destacado poeta modernista como Ezra Pound que rinde homenaje explícito a esa obra poética. Es imposible dejar a un lado la empatía y no sentirse movido por las preocupaciones propercianas cuando se les examina con detenimiento y se accede al mundo de este poeta cuya importancia se ha sostenido más allá de la muerte, como ocurre hasta la fecha.

[ Néstor Manríquez Lozano ]
Néstor Manríquez es maestro en Letras Clásicas y académico en la UNAM.

Otras obras acerca de Roma:
La Eneida, de Virgilio.
Metamorfosis, de Ovidio.
Las Odas, de Horacio.
El Imperio Romano, de Isaac Asimov.

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