Activistas

Internet, la ampliación del campo de batalla

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24 nov 2015.- Aunque no se quiera aceptar, Internet es hoy escenario de las batallas que se vienen librando en lo ideológico, político y cultural. Lo confirman acusaciones como la de Barak Obama al señalar que el Estado Islámico son “asesinos con buenas redes sociales”, declaración que busca anexar un eslabón más a los intentos por controlar lo que ocurre en la web.

A Internet llegaron los movimientos altermundistas de los años de 1990 (las luchas regionales, las demandas globales) y encontraron un instrumento potenciador y articulador. Así lo aprecia la comunicóloga Silvia Lago Martínez en el texto “Movimientos sociales y acción colectiva en la sociedad red”, publicado en el más reciente número de Chasqui, la Revista Latinoamericana de Comunicación.

La autora destaca que con internet, y especialmente con las redes sociales, emergieron nuevas formas que activismo, nuevas prácticas políticas y mecanismos de contra-información cultural y política. Lo virtual pasó, de ser un escenario aparte, imaginario, a convertirse en el complemento de lo real, en una ampliación de campo de batalla social.

Así quedó demostrado en el año 2011 con protestas que se globalizaron rápidamente, como la primavera árabe, los indignados de España y Occupy Wall Street. Aunque tenían elementos relacionados con los movimientos altermundistas de las décadas anteriores, se trataba de procesos más acotados geográficamente y enfocados en crisis nacionales o regionales que, no obstante, congregaron apoyos de todo el mundo.

Lago destaca la emergencia de una amplia participación de jóvenes sin preferencias partidistas, pero también la de colectivos de indígenas, de trabajadores, de la diversidad sexual, de migrantes, de campesinos, de centros culturales, entre muchos otros, que se convirtieron en activos protagonistas de los conflictos y las movilizaciones. Lo que hemos presenciado en los últimos años es una oleada de descontento. “Somos el 99%” decía Occupy Wall Street al denunciar el sistema especulativo y la concentración de los ingresos en pocas manos; los Indignados ampliaron la crítica hacia los medios masivos de comunicación y los partidos políticos.

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En América Latina se expande el desencanto hacia la política tradicional, surgen movilizaciones que rechazan los megaproyectos, la expropiación de tierras y recursos naturales, que denuncian la violación de derechos humanos, que promueven otras reglas para el sistema político.

Manuel Castells lo explica así: “Los movimientos sociales son fundamentalmente movimientos culturales, movimientos que conectan las demandas actuales con los proyectos del mañana”.

En todos estos casos, Internet se ha convertido no sólo en una herramienta básica de organización, local y global, sino en el centro mismo de operaciones.

A través de Internet, el movimiento estudiantil chileno de 2011 globalizó la difusión de sus actividades y la violenta respuesta inicial del Estado. El activismo virtual fue un complemento de las movilizaciones y la discusión cara a cara. En las redes sociales encontró una oportunidad y un reto: “Facebook nos ha obligado a desarrollar otras técnicas como audiovisuales, que sirven para difundir ideas más allá de lo consignatario y sortear las barreras que ponen los medios de comunicación”.

A través de las redes ampliaron y profundizaron los intercambios de ideas: “Todo se discute por Twitter y Facebook, pero el momento de la marcha es sólo el momento de la marcha. Se trata de un recorte espacial y temporal de la discusión política que las redes sociales agudizan en el devenir del movimiento social”.

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Las redes sociales también jugaron un papel medular en el movimiento masivo #Noalacopa, en Brasil 2014, que rechazaba los gastos millonarios para el campeonato mundial de futbol en detrimento de las inversiones en salud, educación, transporte y otros rubros. Y lo mismo ocurrió en 2012 con los cacerolazos convocados vía redes en rechazo a decisiones del gobierno argentino, aunque estas protestas fueron capitalizadas por líderes opositores.

Lago concluye: “Es difícil prever a dónde conducirán las protestas multitudinarias. La primavera árabe fue un acontecimiento de importancia histórica que amenazó a las estructuras políticas y de las élites en el poder, sin embargo, éstas realizaron un esfuerzo para restaurar su riguroso control político y mantener su imperio económico mientras se retrocede en algunos de los logros más significativos de la primera etapa. Los procesos políticos organizados sin correlato orgánico, presentan una debilidad en términos de traducir e institucionalizar demandas o propuestas, sin embargo los marcos organizativos en su dinámica se van construyendo. Internet y las tecnologías digitales en general crean las condiciones para el activismo social y político como una forma de práctica compartida que permite sobrevivir, deliberar, coordinar y expandirse, todas experiencias que amplían el horizonte de la intervención política”.

A contracorriente, prevalecen los esfuerzos por controlar y censurar las redes sociales, por regresarlas a la frivolidad que las caracterizó en su primera etapa, por restarles beligerancia. Pero aquí concordamos con Lago: esto “ya no tiene vuelta atrás”.

[Gerardo Moncada]

 

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