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La hora de la estrella, de Clarice Lispector

Ávida lectora, Lispector comenzó a escribir desde temprana edad para convertirse en una renovadora de las letras brasileñas.

«Está claro que esta historia es verdadera si hay veracidad en ella, aunque sea inventada…»

La hora de la estrella es un desahogo turbulento de pensamientos y emociones en una catarata verbal. Con una prosa envolvente, con crudeza y dulzura, Lispector nos ofrece un vertiginoso relato íntimo, donde cada uno de los pocos hechos referidos desata un torrente de reflexiones y sensaciones. Esa combinación de mente y corazón se traduce en la exploración de los sentimientos, del deseo, del alma, pero con anclajes precisos en una cotidianidad marcada por la precariedad, la desigualdad social, la discriminación.

«Esta historia no tiene nada de técnica, ni de estilo, es a la buena de Dios. Yo tampoco mancharía, por nada del mundo, con palabras brillantes y falsas, una vida parca como la de la mecanógrafa…»

La hora de la estrella es un relato sobre la vida y la fatalidad; es, asimismo, la historia de cómo se construye ese relato; y es, también, la inquietante indagación en torno a una vida que no resulta tan ajena como se creía.

Con frescura, con naturalidad, afloran frases sencillas como la existencia misma: “salía de la oficina sombría, enfrentaba el aire de fuera, crepuscular, y comprobaba entonces que todos los días a la misma hora era exactamente la misma hora”.

Otras frases disparan la mente del lector:

La verdad es siempre un contacto interior e inexplicable…

Yo sé cosas por estar vivo. Quien vive, sabe, aun sin saber que sabe…

La estructura del átomo no se ve pero se conoce. Sé muchas cosas que no he visto. Y ustedes también… lo bueno es creer…

En el estilo literario de Lispector hay un juego con el lenguaje que deslumbra. Además de sutiles toques de humor inocente, el lector se regocija con metáforas atinadas, ideas sabias, ocurrencias brillantes, proverbios improvisados.

Pensándolo bien: ¿quién no es un azar en la vida?…

Siempre y por la eternidad estamos en el día de hoy… la eternidad es el estado de las cosas en este momento…

¿Será verdad que la acción supera a la palabra?…

Quién no se ha preguntado: ¿soy un monstruo o esto es ser una persona?…

La hora de la estrella es una evocación con reparos, preguntas, disertaciones que fluyen sobre la marcha, que parecen aflorar conforme se va leyendo.

Este relato es la visión de la inminencia de. ¿De qué? Quién sabe si más tarde sabré. Como que estoy escribiendo en el momento mismo de ser leído…

UNA VIDA SIN ESTRELLA

El personaje de esta historia, Macabea, es una muchacha que creció como una plata silvestre, sin cuidados ni atenciones, desprovista de afectos. Con una personalidad elemental, básica (“semiabstracta”), ella acepta su condición como algo natural: ser la peor pagada entre las empleadas, vivir sin ilusiones, no aspirar a nada por creer que no merece nada. Y, sin embargo, como las flores del campo, posee un candor absoluto, una inocencia limpia, una ternura virginal.

Que la vida es así: se pulsa un botón y la vida se enciende. Solo que Macabea no sabía cuál era el botón que había que pulsar. Ni se daba cuenta de que vivía en una sociedad tecnificada donde ella era un tornillo prescindible…

Lispector nos coloca ante un alma opaca, pálida, pero con un vago anhelo de efervescencia: “Ella pertenecía a una resistente raza enana obstinada que tal vez un día reivindique su derecho al grito”.

Cuando se despertaba ya no sabía quién era… se vestía de sí misma y pasaba el resto del día representando con obediencia el papel de ser…

Accedemos a Macabea a través de un narrador que explora la vida de esta chica a una profundidad mayor de la que la propia Macabea podría imaginar.

Voy a empezar por la mitad diciendo que…
…que ella era incompetente. Incompetente para la vida. Le faltaba la habilidad de ser hábil. Solo de una manera vaga se daba cuenta de una especie de ausencia que tenía de sí en sí misma…

Nadie la miraba en la calle, ella era café frío…

Macabea no sabía que meditaba porque no sabía lo que quería decir esa palabra. Pero presumo que su vida era una larga meditación sobre la nada…

Macabea no pedía nada, pero su sexo exigía, como un girasol brotado de una sepultura…

EL AGOBIO DEL NARRADOR

Con un eficaz tratamiento metaliterario, Lispector utiliza a un personaje narrador, Rodrigo S. M., que nunca ha escrito pero tiene la imperiosa necesidad de narrar esta historia, abrumado por dudas e incertidumbres, haciendo pausas constantes para reflexionar acerca de lo que va escribiendo:

Pensar es un acto. Sentir es un hecho. Los dos juntos son yo que escribo lo que estoy escribiendo…

¿Y yo? ¿Y yo que estoy contando esta historia que nunca me ocurrió a mí ni a nadie que yo conozca? Me siento abismado al ver que sé tanto de la verdad. ¿Será que mi oficio doloroso es el de adivinar en la carne la verdad que nadie quiere percibir?…

Con exceso de desenvoltura estoy usando la palabra escrita y eso se estremece en mí, que tengo miedo de apartarme del Orden y caer en el abismo poblado de gritos: el Infierno de la libertad…

No soy un intelectual, escribo con el cuerpo. Y lo que escribo es una niebla húmeda (…) Este libro está construido sin palabras. Es una fotografía muda. Este libro es un silencio. Este libro es una pregunta…

No, no es fácil escribir. Es duro como partir rocas. Pero saltan chispas y astillas como aceros pulidos…

La ingenuidad de Macabea la salva de la pesadumbre, de la derrota vital. En cambio, el narrador, al recrear y reflexionar sobre la historia de Macabea, no puede evitar el desasosiego. A él sólo lo salva la escritura.

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días…

Mientras tenga preguntas y no tenga respuesta continuaré escribiendo…

LO EXTERNO-INTERNO

La hora de la estrella fue publicado en 1977. Dos años antes Clarice Lispector ya cuestionaba el carácter “externo” de la realidad: “Para mí, lo importante no son los hechos en sí, sino las repercusiones de tales hechos en el individuo. Eso es lo que realmente importa… La realidad no es un fenómeno puramente externo”.

Esa idea se aprecia nítidamente, con maestría literaria, en su novela corta La hora de la estrella.

Esta historia ocurre en un estado de emergencia y de calamidad pública. Se trata de un libro inacabado porque le falta la respuesta. Respuesta que, espero, alguien en el mundo me dará. ¿Ustedes?…

Antes de La hora de la estrella ya había publicado ocho novelas y seis libros con relatos cortos. Su carrera literaria abarcaba 36 años, con pleno reconocimiento y premios. Sin embargo, no se consideraba una escritora “profesional”, pues afirmaba que solamente escribía cuando lo deseaba. Por ello, decía ser una escritora amateur que se esforzaba por mantenerse en esa categoría.

Dedico esto a todos esos músicos que en mí tocaran regiones aterradoramente inesperadas, a todos esos profetas del presente que me vaticinaran a mí mismo hasta el punto de que en este instante estallo en: yo…

Lispector nació en Ucrania el 10 de diciembre de 1920. Su nombre original fue Chaya Pinjasivna Lispector. Sólo tenía dos años cuando su familia se trasladó a Brasil y todos adoptaron nombres brasileños. A Chaya le tocó ser Clarice. Ávida lectora, comenzó a escribir desde temprana edad “mezclando todo lo que leía, desde novelas rosas hasta Dostoievski”, dijo alguna vez. Su personalísimo estilo, intensamente introspectivo, le llevaría a convertirse en una renovadora de las letras brasileñas. Decía que cada obra la dejaba vacía, casi muerta, por lo que necesitaba tiempo para recuperarse y volver a escribir. Falleció el 9 de diciembre de 1977, víctima de cáncer.

En la hora de la muerte uno se vuelve como una brillante estrella de cine, es el instante de gloria de cada uno y se parece al momento en que en el canto coral se oyen agudos sibilantes…

[ Gerardo Moncada ]

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