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Agua viva, de Clarice Lispector

«Nací dura, heroica, solitaria y de pie… La fealdad es mi estandarte de guerra. Yo amo lo feo con un amor de igual a igual. Y desafío a la muerte. Yo, yo soy mi propia muerte. Y nadie va más lejos. Lo que hay de bárbaro en mí busca al bárbaro cruel fuera de mí. Veo en claroscuro los rostros de las personas que vacilan en las llamas de la hoguera. Soy un árbol que arde con duro placer… Yo amo mi cruz, con la que dolorosamente cargo…»

Agua viva es un vibrante soliloquio, una larga y efervescente carta escrita desde las entrañas. En esta misiva, carente de motivos convencionales, casi nada sabremos del destinatario; en cambio, presenciaremos cómo la remitente desnuda su alma al escribir de sí misma y más allá de sí misma.

Lo que te escribo no llega suavemente, subiendo poco a poco hasta un auge para después ir muriendo mansamente. No, lo que te escribo es de fuego, como ojos en llamas…

Con un estilo libérrimo, Lispector crea una prosa envolvente, íntima, densa, que consigue tocar fibras profundas y las deja reverberando. Es prosa, pero con la poderosa magia sugestiva de la poesía. “Densa selva de palabras que ha envuelto frondosamente lo que siento y pienso y vivo”.

Estoy poseída por mis fantasmas, por lo que es mítico y fantástico; la vida es sobrenatural. Y yo camino por la cuerda floja hasta el límite de mi sueño. Las vísceras, torturadas por la voluptuosidad, me guían, furia de los impulsos. Antes de organizarme tengo que desorganizarme del todo. Para experimentar el primer y pasajero estado primario de libertad. De la libertad de errar, caer y levantarme…

Cuando pienso en lo que ya he vivido me parece que he ido dejando mis cuerpos por los caminos…

Agua viva nos retiene, nos atrapa. En cada párrafo encontramos frases que incitan, que estremecen, que invitan a repetirlas en voz baja para paladearlas, para asimilarlas.

Me pregunto si aguantas que el tiempo sea hoy y ahora y ya…

Al éxtasis debía de seguirle el sueño para atenuar su vibración de cristal resonante…

El dolor es la vida exacerbada…

Agua viva es una incitación a explorar nuestros propios vericuetos del alma.

La verdad última nunca se dice. Quien sepa la verdad que venga. Y que hable. Escucharemos afligidos…

LA ESCRITURA

A través de su personaje, Lispector reflexiona acerca de los propósitos de la literatura, sobre el sentido de escribir, lo que se busca al plasmar en palabras ideas, sensaciones, estados de ánimo.

Lo que te estoy escribiendo no es para leer; es para ser…

Te escribiré todo lo que me venga a la mente…

Te escribo a la medida de mi aliento… ¿Soy explícita? Poco me importa…

Su escritura, tan fresca y emocional, evoca los ejercicios de escritura automática que proponían el libre flujo de pensamientos, sin filtro ni censura.

Estas frases mías balbuceadas se hacen en el mismo momento de escribirlas y crepitan de tan nuevas y aún verdes…

No sé sobre qué estoy escribiendo; soy oscura para mí misma. Sólo tuve inicialmente una visión lunar y lúcida, y entonces capturé para mí el instante antes de que muriese, y que perpetuamente muere. No es un mensaje de ideas lo que transmito y sí una instintiva voluptuosidad de lo que está escondido en la naturaleza y que adivino…

Te escribo una onomatopeya, una convulsión del lenguaje…

La autora de esta carta se cuestiona la eficacia de escribir, ese intento de reconstruir un instante, ese esfuerzo tan arduo como “traducir el silencio de un encuentro” o “fotografiar un perfume”.

Estoy intentando escribirte con todo el cuerpo, enviarte una flecha que se hinque en el punto tierno y neurálgico de la palabra… Te escribo dura escritura. Quiero como poder coger con la mano la palabra… Escribo en acrobáticas y aéreas piruetas, escribo porque deseo hablar profundamente. Aunque escribir sólo me está dando la gran medida del silencio…

MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS

La palabra, extrañamente familiar pero siempre remota. La belleza extrema e íntima está en ella. Pero es inalcanzable…

En las líneas de Agua viva aflora un discurso que trasciende lo racional, “una sensación más allá del pensamiento” (y esa libertad literaria sacude al lector).

Estoy por detrás de lo que queda detrás del pensamiento… Estoy en un estado muy nuevo y verdadero, curioso de sí mismo, tan atractivo y personal que no puedo escribirlo…

Mucho más allá del pensamiento tengo un fondo musical. Pero todavía más allá está el corazón que late. Así el más profundo pensamiento es un corazón que late…

Estoy viéndome pensar…

El personaje de Lispector avanza, fluye sin contención, y al interrogarse nos interroga a los lectores. Por momentos parece un arcano parlante, un fascinante misterio que lanza frases que nos provocan profundos cuestionamientos.

Quien sea capaz de parar de razonar que me acompañe…

Cada cosa que me suceda yo la vivo aquí anotándola. Porque quiero sentir en mis manos indagadoras el nervio vivo y trémulo del hoy…

En realidad todavía no veo bien el hilo de la madeja de lo que te estoy escribiendo. Creo que nunca lo veré, pero admito la oscuridad donde refulgen los dos ojos de la pantera suave. La oscuridad es mi caldo de cultivo. La oscuridad hechicera. Te estoy hablando y me arriesgo a la desconexión, soy subterráneamente inalcanzable por mi conocimiento. Te escribo porque no me entiendo…

UN MÉTODO SIN MÉTODO

Académicos y especialistas han destacado varios aspectos en las obras de Clarice Lispector. Uno de ellos es su ruptura con los géneros literarios, lo que hace su obra inclasificable. También señalan la ausencia de trama, así como su cuestionamiento al lenguaje, a sus límites, a su incapacidad para expresar lo más íntimo de la experiencia humana.

Asimismo, han especulado acerca del método de escritura de Lispector. Ella misma despejó dudas en un conversatorio efectuado en octubre de 1976 y recuperado por The New Yorker casi medio siglo después (Una entrevista perdida):

“Tuve que descubrir mi método de escritura por mí misma. No sabía que para mí forma y significado eran una sola cosa… Desde joven, las ideas surgían en mi mente, las frases llegaban ya hechas. Y me decía: ‘luego las anoto’, pero las olvidaba; por eso decidí anotar al momento todo lo que se me ocurría. Así junté una gran pila de notas. Cuando quise hacer con ellas una novela, Julio Cardoso me sugirió que conectara una nota con otra y después buscara el sentido. Así surgió mi primera novela, Cerca del corazón salvaje.

“Yo elaboro las cosas muy inconscientemente. A veces la gente piensa que no estoy haciendo nada, porque simplemente estoy sentada en una silla. Ni siquiera yo me doy cuenta de que estoy haciendo algo. De repente, viene una frase.

“Nunca sé de antemano qué voy a escribir. Hay escritores que empiezan a escribir solo cuando ya tienen el libro en la mente. Yo no. Simplemente me dejo llevar, sin saber adónde llegaré. Es entonces cuando empiezo a comprender lo que quería”.

En esa ocasión hizo además una aclaración necesaria: “Mis libros no tienen que ver con mi vida personal. No escribo como una catarsis, para sacar algo de mi pecho. Para eso están los amigos”.

ESE MISTERIO LLAMADO “YO”

Soy una pregunta…

Soy fuerte pero también destructiva… Soy inquieta y áspera y desesperanzada…

Soy caleidoscópica, me fascinan mis mutaciones centelleantes…

Parambólica; lo que sea que quiera decir esa palabra. Parambólica es lo que soy…

En Agua viva, Lispector observa el proceso interior de mutar, de transformarse (con conciencia de las fases del cambio), de crear otro ser a partir de uno mismo.

Me desorbito y solo entonces existo, y de un modo febril. Qué fiebre: ¿conseguiré un día parar de vivir? Ay de mí, que tanto muero. Sigo el tortuoso camino de las raíces que revientan la tierra, tengo como don la pasión, en la hoguera de los troncos secos me retuerzo entre las llamas…

Yo me sobrepaso abdicando de mí y entonces soy el mundo; yo misma de repente con voz única…

Yo, que quiero la cosa más primordial porque es la fuente de la generación, debo por fatal y trágico destino conocer tan solo y experimentar tan solo los ecos de mí… Estoy en una expectativa estupefaciente, trémula, maravillada, de espaldas al mundo…

Yo, viva y centelleante como los instantes, me enciendo y me apago, me enciendo y me apago, me enciendo y me apago…

Soy palabra y también su eco…

Lispector nos desafía, porque su novela carece de un orden convencional, porque no cuenta una historia como tal, y porque nos conduce a una progresiva abstracción en su discurso. Todo ello plantea un reto al lector, pero no deja de ser incitante.

Yo vivo al margen, en un lugar donde la luz central no me quema. Y hablo muy bajo para que los oídos se vean obligados a estar atentos…

Crear de uno mismo un ser es muy serio. Estoy creándome. Y andar en la oscuridad completa en busca de nosotros mismos es lo que hacemos. Duele. Pero es el dolor del parto; nace algo que es. Se es…

La impresión es que estoy a punto de nacer y no lo consigo… Tú que me lees ayúdame a nacer…

YO, EN EL MUNDO

En una parte exquisita de Agua viva, Lispector realiza una ingeniosa y sugerente caracterización de las flores (aunque para un alma materialista esa parte del libro puede resultar tediosa). Con agudeza analiza a la orquídea, la rosa, la siempreviva, la violeta, la margarita, el crisantemo, el jazmín, el ave del paraíso, la amapola y varias más.

La hermosa orquídea es exquisita y antipática. No es espontánea. Requiere artificio. Pero es una mujer esplendorosa…

La violeta es introvertida y su introspección es profunda. Su casi-no-perfume es una gloria escondida pero exige de la gente que lo busque. La violeta dice cosas leves que no se pueden decir…

El personaje de Lispector experimenta una fascinación lúcida por todo lo que le rodea: “Todos los seres vivos, excepto el hombre, son una sorpresa maravillosa”. Y le resulta deslumbrante la vastedad del universo.

Lo que más me emociona es que lo que no veo sin embargo existe. Porque entonces tengo a mis pies todo un mundo desconocido que existe pleno y lleno de rica saliva…

UN MISTERIO LLAMADO LISPECTOR

El escritor y académico Edmundo Paz Soldán ha explicado que Clarice Lispector fue contemporánea al Boom de la literatura latinoamericana, sin embargo, no se le incluyó en ese fenómeno literario porque su narrativa era sustancialmente distinta. No obstante, Lispector encajaba perfectamente en lo que ese movimiento tuvo de innovación técnica y formal.

Por otro lado, el idioma fue una barrera. Durante décadas, las obras de Clarice fueron prácticamente desconocidas en Latinoamérica, debido a la baja calidad de las escasas traducciones al español, mientras gozaba de un entusiasta reconocimiento en Estados Unidos y Europa.

La poeta estadounidense Elizabeth Bishop tradujo gran parte de la obra de Lispector al inglés. La admiraba profundamente y la consideraba una genio capaz de relatar lo cotidiano desde una perspectiva completamente surrealista y profunda.

Asimismo, la influyente intelectual y escritora Hélène Cixous fue una de sus grandes promotoras; tradujo sus obras al francés y afirmaba que poseía una fuerza liberadora y visionaria sin precedentes; la consideraba una autora genial que escribía desde el cuerpo y el inconsciente.

Agua viva se publicó en 1973. Clarice Lispector murió el 9 de diciembre de 1977, a los 56 años de edad. Sería hacia finales del siglo XX cuando aparecieron buenas traducciones al español de sus obras, lo que permitió que fueran apreciadas por el público latinoamericano. Gabriel García Márquez, por ejemplo, se declaró “deslumbrado” por la prosa de la escritora brasileña.

Ricardo Piglia valora inmensamente la radicalidad de sus novelas, considerándola una revolucionaria dentro de la narrativa latinoamericana que no necesitaba tramas convencionales para mantener al lector al borde del asombro.

En 2020 se conmemoró el centenario del nacimiento de Clarice Lispector, y la autora exhibió plena vigencia.

La escritora argentina Leila Sucari dijo: “La primera vez que leí a Clarice sentí una especie de electricidad en el cuerpo. Agua viva significó un quiebre. Nada es igual después de encontrarte con una voz tan poderosa como la de Clarice Lispector. El magnetismo que me provocaron sus palabras significó un viaje directo a la infancia, a ese primer choque con el lenguaje escrito… Cuando conocí a Clarice Lispector comprendí el instinto de supervivencia que hay detrás de la lengua y volví a sumergirme en ese estado de lectura/locura febril. Nunca más pude soltarla. Tengo una intimidad apasionada con ella, un guiño a través del tiempo y el espacio, una epifanía que alimenta la búsqueda de eso que está latiendo y que es imposible de atrapar”.

Por su parte, Agustina Bazterrica comentó: “Lispector es de esas escritoras que te desinstalan, te conmocionan. Cada una de sus frases es un universo en sí, con un microcosmos interno pero conectado con el resto del texto”.

La poeta y editora Nurit Kasztelan refirió: “Lispector marcó a la mayoría de mi generación (una generación de fanáticos silenciosos), con un lenguaje que intenta llegar a lo crudo, lo seco y una escritura que desbarata el paradigma y a veces incluso me empalaga. Una interioridad que permanentemente se vuelve exterioridad, como si la diferencia no tuviera sentido y fuera abolida a partir de una noción de escritura y también de vida”.

La diversidad de atributos identificados en los escritos de Lispector revela que, a medio siglo de su fallecimiento, su obra perdura, sigue siendo un misterio inagotable, un corazón que late, una inquietud que nos estremece.

UNA BÚSQUEDA INTERMINABLE

En Agua viva, el personaje se interroga, de manera recurrente, acerca del tiempo y su unidad más básica: el instante, ese “atisbo”, ese “huevo de vísceras tibias”, esa “semilla viva”.

Ahora es un instante. ¿Lo sientes? Yo lo siento…

Este instante es. Tú que me lees eres…

La manera como usamos esa sucesión de precarios momentos configura nuestra fugaz estancia en esta vida.

Voy a hacerte una confesión: estoy un poco asustada No sé adónde me llevará esta libertad mía. No es arbitraria ni libertina. Pero ando suelta…

El personaje de Agua viva no busca encontrarle un sentido a su vida, tampoco justificar su existencia. Sólo quiere expresar lo que es, desde lo más profundo de su ser.

Ahora lo sé: soy sola. Yo y mi libertad que no sé usar… Asumo mi soledad. Que a veces me extasía como ante los fuegos artificiales. Soy sola y tengo que vivir una cierta gloria íntima que en la soledad puede convertirse en dolor. Y el dolor, en silencio…

Pero todavía conozco una vida más. La conozco y la quiero y la devoro truculentamente. Es una vida de violencia mágica. Es misteriosa y hechicera. En ella las serpientes se enlazan mientras las estrellas tiemblan. Gotas de agua se deslizan en la oscuridad fosforescente de la gruta. En esa oscuridad las flores se entrelazan en un jardín mágico y húmedo. Y yo soy la hechicera de esa bacanal muda…

Yo trabajo cuando duermo, porque entonces me muevo en el misterio…

Lo mejor de mí es cuando no sé nada y fabrico no sé qué…

El otro lado de mí me llama…

[ Gerardo Moncada ]

 

Otra obra de Clarice Lispector:
La hora de la estrella.

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