El arte de la guerra, de Sun Tzu

Sun-Tzu-El-arte-de-la-guerra

“En la guerra, la simple superioridad numérica no ofrece ninguna ventaja. No avances fiado exclusivamente en la potencia de tus recursos. El que carezca de previsión y subestime al adversario será, sin duda, derrotado por él”…

El arte de la guerra es un compendio de estrategias que conserva una asombrosa vigencia, a pesar de haber sido escrito en el siglo IV antes de nuestra era. El motivo principal de su permanencia es que sus observaciones y propuestas, aunque sean de corte militar, son aplicables a muy diversos tipos de conflictos, en los más variados ámbitos.

Para los grupos de la sociedad civil, El arte de la guerra resulta un libro sumamente sugerente y aleccionador en el actual contexto de neoliberalismo salvaje, de segregación social y agresiva expropiación de los recursos naturales, los bienes colectivos y el espacio público, mediante la militarización de amplias regiones y la creación de estados policiacos.

El arte de la guerra es incluso útil para quienes practican la no violencia, la resistencia pacífica y la desobediencia civil, pues les da elementos para diseñar estrategias, ya que el propio Sun Tzu advertía: “El supremo arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla”.

Acerca de la estrategia

  • Todo el arte de la guerra está basado en el engaño (Aproximaciones, 17).
  • Irrita al dirigente opositor y desoriéntale. Si está encolerizado su autoridad puede ser quebrantada fácilmente (Aproximaciones, 22).
  • Finge estar en inferioridad de condiciones, estimula su arrogancia (Aproximaciones, 23).
  • Desplázate cuando te convenga y crea cambios de situación mediante movimientos de tus fuerzas (Maniobra, 12).
  • Ponlo en aprietos, acósalo. Establece alianzas con dirigentes poderosos; escoge a tus mejores subalternos y haz unidades especiales. Descubre los puntos en que el adversario puede ser sorprendido, efectúa ataques repetidos, déjale sin aliento, haciéndole correr constantemente de un lado para otro. Pero si rechazas esta estrategia victoriosa y, en su lugar, decides arriesgarlo todo en una sola batalla, cuando lo lamentes será demasiado tarde (Aproximaciones, 24).
  • Atácale donde no esté preparado, es de gran importancia ser rápido como el relámpago; no puedes dejar pasar la ocasión. Se dice: “Cuando estalla el trueno es demasiado tarde para taparse los oídos” (Aproximaciones, 26).
  • Lo que vence no es el poderío de tus fuerzas, sino tu estrategia (La estrategia ofensiva, 10).

Duración de la batalla

  • La victoria es el principal objetivo. Si tarda demasiado en llegar, las armas se embotan y la moral decae (La dirección de la guerra, 3).
  • Si se emprenden campañas prolongadas, los recursos no alcanzarán (La dirección de la guerra, 4).
  • Aunque se conocen casos de precipitaciones desafortunadas, nunca hemos oído hablar de una operación hábil que se prolongase. Un ataque puede carecer de ingenio, pero es necesario que se realice con la velocidad del relámpago (La dirección de la guerra, 6).

La estrategia del adversario

  • Es de gran importancia combatir la estrategia del adversario. El que sobresale en las victorias sobre sus adversarios triunfa antes de que las amenazas de éstos se concreten. Por ello es necesario combatir sus planes desde el principio. Se ha dicho: “El supremo refinamiento en el arte de la guerra es combatir los planes del adversario” (La estrategia ofensiva, 4).
  • No permitas que tus adversarios se unan (La estrategia ofensiva, 5).
  • Si estás en condiciones de inferioridad, evita la confrontación directa. Busca el momento de sacar partido de uno de los puntos débiles de tu adversario (La estrategia ofensiva, 16).
  • Hazle saber a tu adversario que hay una salida abierta para su retirada (La estrategia ofensiva, 10).

Conocer al adversario y conocerte tú

  • Conoce al adversario y conócete a ti mismo y, en cien batallas, no correrás jamás el más mínimo peligro. A quienes a un tiempo ignoran todo del adversario y de sí mismos se les llama “locos criminales”. ¿Qué pueden esperar sino la derrota? (La estrategia ofensiva, 31-33).
  • La defensa es tan importante como el ataque. Los que son duchos en el arte de defenderse lo hacen de tal manera que el adversario no sepa por dónde atacar. Los expertos en el arte de atacar utilizan con habilidad los recursos y las condiciones, y lo hacen de tal forma que el adversario no sepa cómo prepararse (Disposiciones, 7).
  • Toma ventaja de la falta de preparación del adversario, atácale en el momento más inesperado, evita su fuerza y castiga su inconsistencia y, al igual que el agua embalsada y súbitamente liberada, nadie podrá resistirte (Disposiciones, 20).

Distribución de fuerzas

  • La guerra es un asunto de astucia (Energía, 22).
  • La fuerza que se enfrenta al adversario es la fuerza normal; la que se coloca en los flancos es la fuerza extraordinaria. Nadie puede obtener una ventaja sobre el adversario sin la ayuda de la fuerza extraordinaria (Energía, 3). Emplea tu fuerza normal para trabar el combate, y tu fuerza extraordinaria para obtener la victoria (Energía, 5).
  • Contra lo que sea más inconsistente lanza tus efectivos más sólidos (Energía, 4).
  • Si de un golpe el halcón destroza el cuerpo de su presa es porque lo descarga en el momento preciso, oportuno. Su gesto está calculado. Así, el experto en el arte de la guerra posee un impulso irresistible y regula su ataque con precisión (Energía, 14,15).

Oportunidad

  • En el arte de la guerra no existen reglas fijas. Las reglas se establecen de acuerdo con las circunstancias. Así, los que intentan provocar un movimiento del adversario lo consiguen creando una situación a la que él deba adaptarse. Los expertos en el arte de la guerra confían principalmente en la oportunidad y en la rapidez de la ejecución (Energía, 19-21).
  • Cuando el adversario esté en posición más fuerte has de saber mermarlo, cuando esté descansando obligarle a pasar a la acción. Surge en lugares que él deberá alcanzar; trasládate rápidamente a donde no te espere (Puntos débiles y puntos fuertes, 4,5).

Previsión

  • Los expertos en el arte de la guerra deben saber dónde y cuándo se librará la batalla. Estiman las ventajas a su favor aún en condiciones de inferioridad. “Afirmo que la victoria puede ser creada. Pues si el enemigo es numeroso yo puedo impedirle que ataque” (Puntos débiles y puntos fuertes, 17-19).
  • Averigua los planes del adversario y sabrás qué estrategia será eficaz y cuál no. Agítale y descubre el esquema general de sus movimientos. La suprema habilidad en la disposición de tus fuerzas consiste en no presentar una forma susceptible de ser definida con claridad (Puntos débiles y puntos fuertes, 20-24).
  • Mantén el espíritu atento a todo indicio relevante (Maniobra, 11). Cuando los árboles se agitan, el adversario avanza (Marchas, 20).

La maniobra

  • Pondera la situación y luego actúa. El que conozca el arte de la progresión directa e indirecta alcanzará la victoria. Este es el arte de la maniobra (Maniobra, 15,16).
  • El que lanza todo su ejército en pos de una ventaja no la obtendrá (Maniobra, 5).
  • Quienes ignoran las condiciones del terreno serán incapaces de conducir con eficacia a su gente (Maniobra, 10-11).
  • Es importante tener de nuestra parte el factor ‘moral’, cuya fuente reside principalmente en quien dirige la campaña (Maniobra, 20,22).
  • El factor ‘ánimo’ permite conservar el orden ante un adversario vociferante, la serenidad y la firmeza ante acontecimientos adversos (Maniobra, 23).
  • Las ventajas y las desventajas se presentan entremezcladas. El dirigente, frente a innumerables cambios, debe ser prudente y flexible; debe tener presente en su ánimo todas las posibilidades. Para ello se requiere de un corazón firme y un juicio claro. Sólo así podrá dominar un problema de infinitos aspectos, sin embrollarse (Maniobra, 23).
  • El arte de mandar implica reconocer cuándo es inconveniente el ataque frontal y cuáles son los puntos fuertes del adversario (Maniobra, 26,28,31).

Petición de tregua

  • Cuando los enviados del adversario pronuncian discursos llenos de humildad, pero éste continúa con los preparativos, significa que va a avanzar (Marchas, 25).
  • Si el adversario pide una tregua sin negociaciones previas, trama algo. Si implora una tregua sin razón es sin duda porque sus asuntos internos peligran y, estando inquieto, desea establecer un plan para obtener un respiro. O si no, sabe que somos vulnerables a sus intrigas y quiere anticiparse a nuestras sospechas. Tras obtener la tregua, se beneficiará de nuestra falta de preparación (Marchas, 28).

En la confrontación

  • En la guerra, la simple superioridad numérica no ofrece ninguna ventaja. No avances fiado exclusivamente en la potencia de tus recursos. El que carezca de previsión y subestime al adversario será, sin duda, derrotado por él (Marchas, 45,46).
  • Es esencial utilizar a los más aptos como punta de lanza. Ante todo porque esto fortalece nuestra propia determinación, además porque este grupo embota la acometividad del adversario (El terreno, 15).
  • Si es necesario entrar a un terreno de riesgo, es conveniente actuar con rapidez y salir de él sin demora. Si el riesgo es muy elevado, no hay que pensarlo: se debe luchar. En cambio, al estar en un espacio de convergencia conviene consolidar las alianzas (Las nueve clases de terreno, 10,14,19).
  •  Si me preguntan: ¿Cómo puedo vencer a un adversario bien ordenado que está a punto de atacarme?, respondo: Apodérate de una cosa a la que tenga apego y harás de él lo que quieras (Las nueve clases de terreno, 24,28).
  • La presteza es la esencia misma de la guerra. Aprovéchate de la falta de preparación del adversario; recurre a itinerarios imprevistos y atácale en donde no esté preparado. Pero recuerda: si hay una cosa importante es la divina celeridad (Las nueve clases de terreno, 29).
  • Si el adversario ofrece una oportunidad, aprovéchala sin demora. Vigila de cerca la situación del adversario para tomar decisiones acerca de cómo enfrentarlo (Las nueve clases de terreno, 59,61).
  • Cuando hayas conseguido una victoria no vuelvas a emplear la misma táctica otra vez, sino que, respondiendo a las circunstancias, varía tus métodos hasta el infinito. Así como el agua se amolda a los accidentes del terreno, así como el agua no tiene forma estable, no existen en la guerra condiciones permanentes (Puntos débiles y puntos fuertes, 26).

Planeación

  • En materia de planificación, jamás un movimiento inútil; en materia de estrategia, ningún paso en vano. Por eso, un dirigente hábil actúa de forma que le permita ocupar posiciones que lo protejan y no desaprovecha la ocasión de atacar. De esta forma, el potencial victorioso de una campaña se identifica antes de que ésta comience (Disposiciones, 12-14).
  • Antes de iniciar nuestros movimientos hay que efectuar estudios acerca del grado de dificultad presentado por el territorio en que se mueve el adversario, la magnitud de sus efectivos, la importancia de sus fuerzas, el estado de su moral (Disposiciones, 18).
  • Si no hemos trazado un plan (para atacar), embestimos a ciegas… Avanzando como borrachos corremos el riesgo de vernos inmersos en contiendas imprevistas… Por eso es indispensable conocer perfectamente el territorio del adversario (Maniobra, 11).
  • Es necesario ponderar los peligros inherentes a las ventajas y las ventajas inherentes a los peligros (Las nueve variables, 12,13).
  • Evalúa a tu adversario y las condiciones. No siempre el camino más corto es más seguro… Una entidad aislada no siempre es susceptible de ser atacada; debes estar seguro de conocer sus puntos fuertes y los débiles, quiénes la defienden, quién dirige la defensa, cuáles son sus planes… Ni siempre es conveniente pelear por un territorio que es difícil de defender o cuya conquista no reporta realmente una ventaja (Las nueve variables, 11).
  • Despoja los planes de toda incertidumbre (Las nueve clases de terreno, 44).
  • Si un dirigente derrota al adversario cada vez que pasa a la acción, es gracias a la información previa (La utilización de los agentes secretos, 3).
  • Lo que se ha llamado ‘información previa’ no puede obtenerse de los espíritus, ni de las divinidades, ni de la analogía con acontecimientos pasados, ni de los cálculos. Es necesario obtenerlo de hombres que conozcan la situación del adversario (La utilización de los agentes secretos, 4).
  • Un tesoro preciado es contar con gente que nos informe acerca del adversario, ya sean personas que le son cercanas, empleados suyos, gente de mérito que ha sido destituida o castigada por cometer errores, injustamente relegada, que nunca ha tenido oportunidades de mejorar o incluso aquellas personas cuyo único deseo es aprovechar los periodos turbulentos para ampliar su poder personal (La utilización de los agentes secretos, 7,8).

La dirigencia

  • Las cualidades indispensables de un dirigente son la capacidad de anticipación, hacer reinar la armonía entre su gente, una estrategia cuidada respaldada por planes de largo alcance, el sentido de la oportunidad y la facultad de percibir los factores humanos (Disposiciones, 14).
  • Se considera que la victoria es previsible cuando el estratega tiene sabiduría (sabe cuándo hay que combatir y cuándo es posible ganar sin combatir), versatilidad (sabe cómo manejar a un grupo amplio y a uno reducido), mantiene cohesión (su gente se conserva unida en torno a un objetivo común), es previsor (está preparado de antemano para cualquier eventualidad) y tiene autoridad (para establecer sólidas cadenas de mando) (La estrategia ofensiva, 24-29).
  • La misión de la dirigencia es mantener un nivel uniforme de bravura (Las nueve clases de terreno, 41).
  • El líder debe ser sereno, así será insensible a las contrariedades; impenetrable, para ser insondable; imparcial, lo que le llevará a actuar con justicia; y dueño de sí, con lo cual no caerá en la confusión (Las nueve clases de terreno, 42).
  • El líder debe mandar con cortesía y encender en todos el ánimo y la convicción (Marchas, 47,48).
  • El líder que se preocupa verdaderamente por sus subalternos logra de ellos la fidelidad (‘le acompañarán hasta los valles más profundos’) y obtendrá de ellos el máximo… El dirigente debe ser el primero en tomar parte en las tareas penosas y en las faenas (El terreno, 20).
  • Si el dirigente establece planes inútiles, todo el mundo termina cansado, la moral decae y los oficiales se enfurecen (Marchas, 39).
  • Defectos de los dirigentes: la temeridad, un dirigente estúpido y valeroso es una calamidad; la cobardía, la indecisión lo paralizará; la ira, un líder impulsivo puede ser excitado hasta la locura; la susceptibilidad, el que está ansioso por defender su reputación no presta atención a otra cosa; y fragilidad, se le puede atormentar con facilidad (Las nueve variables, 17-22).

[Gerardo Moncada]

Otros libros (ensayo)
Otros libros (literatura)

, ,

No comments yet.

Deja un comentario