Calila y Dimna, versión de Abdalá Benalmocaffa

Una hermosa joya literaria que en 2 mil años no ha perdido su brillo, frescura y seducción.

Si estuviere próximo al león y conociere su conducta, me esmeraría en identificarme con él y en tener el mínimo de diferencias… Yo le haría ver todo el daño y el desdoro que acarrearía alguna cosa que fuere de temer y le señalaría, por algún procedimiento, el provecho y la gala que tendría abandonarla… De tal modo espero aumentar mi influencia con él y que vea por mí lo que no vería por otro… (dijo Dimna, en el relato El león y el buey)

Calila y Dimna resulta doblemente fascinante: primero, por el proceso que vivieron sus relatos hasta llegar a la versión que hoy conocemos; segundo, por sus diversos atributos literarios: las múltiples historias que cuenta, la estructura narrativa que emplea, el uso del “marco dialogado”, el apoyo en parábolas y apólogos como recurso didáctico. Sus características literarias tendrían una clara influencia sobre las fábulas antiguas y renacentistas, los libros de consejos a gobernantes en el ejercicio del poder, la literatura sapiencial del Medievo e incluso en textos evangélicos.

Como se ha dicho: Lo que no quieras para ti no lo quieras para los demás. Es una máxima muy justa y ya se sabe que la justicia agrada a Dios Altísimo y contenta a los hombres… (Paydeba, en La leona, el arquero y el chacal)

En Calila y Dimna se reconoce el remoto antecedente de la literatura sapiencial que tuvo un fuerte desarrollo en Europa durante el Medievo, ya que a base de parábolas, alegorías y fábulas conforma un entramado de relatos con intención didáctica.

Nada hay tan perdido como el afecto que se concede a quien carece de lealtad, o una dádiva que se otorga a quien no la agradece, o una enseñanza que se ofrece a quien no puede aprenderla ni sabe nada de ella, o un secreto que se confía a quien no lo guarda. Como de nada vale untar de miel el árbol de la mirra… (Calila, en El león y el buey)

En esta obra abundan las lecciones y sentencias dirigidas a gobernantes acerca del ejercicio de sus funciones, con historias que abordan las intrigas de poder, los ardides y la codicia.

Cada uno de nosotros tres [dijo el cuervo al adive y al chacal], por turno, debe ofrecerse ejemplarmente para que el león lo devore, pero los otros dos tienen que oponerse”… Así lo hicieron. Cuando llegó el turno al camello, no queriendo quedar mal, dijo: “¡Aquí estoy yo! ¡Conmigo puede saciarse y aliviarse vuestra majestad! Tengo la carne sabrosa y saludable, tengo limpio el vientre. ¡Comedme, Majestad, y alimentad a vuestros compañeros y servidores! Yo seré de ello feliz”. El adive, el chacal y el cuervo dijeron a una: “Tiene razón el camello. ¡Y qué generoso y franco! Y se abalanzaron sobre él y lo despedazaron… (El león y el buey)

Los relatos ponen énfasis en la infidelidad, no como una circunstancia exclusiva de la vida conyugal sino como algo frecuente en los espacios de poder y en el ambiente cortesano.

Yo he acabado… He urdido el engaño, no hay más que pedir; y resulta impensable que el afecto fraternal soporte sin romperse la maquinación de persona taimada, hábil y avisada… (Dimna, en El león y el buey).

Calila y Dimna sorprende por mostrar a un tiempo gracia y profundidad filosófica; por ser amena, regocijante y reflexiva; por la sencillez de sus relatos y la complejidad con que hilvana las historias; por combinar ingenio y sabiduría.

Esas cualidades literarias convirtieron esta obra en un detonante del deseo de narrar ficción en la Europa medieval.

De la antigua India al imperio árabe

El rey persa Cosroes Anuxirwán llegó a conocimiento de que en la India había un libro que era raíz de toda instrucción, cabeza de toda ciencia, guía en cuanto hay de provechoso, llave de todo cuanto consigue y enseña la vida perdurable y del saber de salvación para el que lo merece…

A mediados del siglo VIII, durante el florecimiento del imperio árabe, los antiguos relatos hindúes fueron recuperados por el persa islamizado Abdalá Benalmocaffa, un destacado traductor al árabe y autor de varios tratados sobre el arte de gobierno y la relación con los poderosos.

Benalmocaffa introdujo en Calila y Dimna varios capítulos introductorios creando una magnífica historia de suspenso. En ella, el saber se ha convertido en algo sagrado que confiere poder; este conocimiento ha sido plasmado en un libro que es celosamente resguardado en la India y al que sólo los elegidos tienen acceso. (De entrada, la obra plantea un tema actual: el saber es poder.) Por ello, los árabes crean una falsa misión comercial presidida por un sabio encubierto, que buscará la manera de acceder a ese texto y copiarlo. La estrategia culmina con éxito y los árabes consiguen hacerse del libro: Calila y Dimna.

Hoy se sabe que la versión de Abdalá Benalmocaffa reunió varios relatos hindúes creados entre los años 500 y 100 a.C. así como otros pertenecientes al Mahabharata (siglo III a.C.) y al Panchatantra (del siglo III a.C. al siglo III d.C.). A ellos se suman los que creó el propio Benalmocaffa, en particular el capítulo en el que se somete a juicio a Dimna por sus intrigas cortesanas. “Considere quien haya leído esto que el que pretende medrar a costa de otros y sirviéndose de la mentira y el engaño tendrá recompensa condigna”.

Han dicho los sabios que los reyes sufren una embriaguez semejante a la del vino y que sólo las amonestaciones de los prudentes los hacen volver en sí; que los prudentes tienen la obligación de corregirlos, amonestarlos con su saber, manifestarles reprobación rigurosa e incansable en cualquier desviación o apartamiento de la justicia, dijo Paydeba…

Con una escritura amena, fina, ligera, todos los relatos fueron unificados con base en un diálogo pedagógico entre el rey hindú Dibxalim y el filósofo Paydeba, luego de que éste hiciera recapacitar al monarca acerca de su comportamiento tiránico y lo convenciera de buscar un camino hacia la prudencia, la templanza, el entendimiento y la justicia.

Así se conformó la versión árabe que a partir del siglo VIII fue difundida en Europa junto con otras obras literarias, filosóficas y científicas que los árabes, en especial en Bagdad, venían traduciendo, reelaborando y enriqueciendo. Esta difusión se vio reforzada desde la península ibérica a partir del siglo IX, cuando surgió ahí una ciencia arabigoandalusí autóctona, con la cual el califato de Córdoba alcanzó un apogeo intelectual de tres siglos continuos.

Se ha dicho: Hay tres clases de varones: enérgicos, más que enérgicos (los que prevén y están alertas) y los incapaces… (Dimna, en El león y el buey).

Fue hasta el siglo XIII que Alfonso X encargó la traducción de Calila y Dimna al español a partir del texto árabe, lo cual hizo suponer por mucho tiempo que Benalmocaffa era el autor original.

Bien decía Karl Vossler: “Todavía hoy llamamos a los números ‘arábigos’, a pesar de haber sido en realidad inventados por los indios y corresponder sólo a los árabes el mérito de haberlos transmitido”.

Historia de historias

En este compendio de relatos abundan las sentencias filosóficas, los proverbios éticos, las fábulas y parábolas aleccionadoras. Es con estos elementos que Calila y Dinma, dos hermanos chacales, analizan al rey y su corte, las consecuencias de las diversas maneras de gobernar, las condiciones del reino y las características de los súbditos, así como las vías para aproximarse a los poderosos.

Al hombre que es realmente fuerte no lo dobla la carga, por pesada que sea, aun si no tiene costumbre de llevarla. Pero al débil le resulta imposible hasta cuando es su oficio… (Dimna, en El león y el buey)

Resulta notable la estructura narrativa, con historias que se anidan en otras historias. Por ejemplo, en un primer nivel, el rey Dibxalim pide a Paydeba que le hable acerca de un tema específico (como los hermanos bien avenidos). Para ilustrar el tema, el filósofo refiere una fábula (la de la paloma collarada, en este caso). En ese segundo nivel, los personajes animales relatan alguna otra historia que lleva a un tercer nivel la narración (la experiencia del ratón con el ermitaño) y, en ocasiones, dentro de esta última, alguien lleva el relato a un cuarto nivel (la anécdota asociada a la frase “¿Por qué ha cambiado esa mujer sésamo descascarado por sésamo entero?”) y hasta a un quinto nivel (el lobo que recibió castigo por acumular y guardar alimento).

Dijo bien quien dijo: El hombre debe estar siempre dispuesto a los tropiezos, pues sólo él cae dos veces por la misma piedra… (ratón, en La paloma collarada)

Los especialistas María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho Blecua señalan al respecto: “El mecanismo, que alcanza diversos grados de complejidad, se pone en marcha siempre que un personaje de algún cuento decide convertirse a su vez en narrador de otro para aleccionar de nuevo mediante una historia a su receptor. Este proceso, conocido a veces por la crítica como ‘la caja china’ o las ‘muñecas rusas’, reafirma lo que es una tendencia de la narrativa oriental que dejará su huella en la literatura occidental: el procedimiento preferido para insertar un cuento consiste en atribuir el acto de contar a un narrador ficticio; de esta manera el relato forma parte de un discurso en estilo directo dirigido a un destinatario expreso que escucha. Este receptor debería extraer buen provecho de las enseñanzas recibidas y rectificar si es preciso su comportamiento. A diferencia de lo que sucede en el marco dialogado donde el filósofo cuenta para enseñar, los personajes de sus relatos lo hacen habitualmente para convencer a otro de sus errores” (Historia de la literatura española, Tomo 1, Ed. Crítica, 2012).

Nada cambia tan rápido como el corazón, pues, como se ha dicho: La persona prudente nunca debe descuidarse de averiguar, en todo asunto, ocasión y propósito, qué abriga el ánimo de sus deudos, sus hijos, sus hermanos y sus amigos; tanto en la actividad como en el descanso y en cualquier otra circunstancia. Ya que en todo ello se manifiesta el temple del corazón… (mono, en El mono y la tortuga).

Literatura sapiencial

Se ha dicho: Lo que das recibirás. Toda acción tiene un fruto de recompensa o castigo, y ambas cosas en la medida en que aquélla fue pequeña o grande… (chacal, en La leona, el arquero y el chacal).

La literatura sapiencial solía desarrollar relatos donde los protagonistas ejemplificaban con su conducta los modelos que deberían seguirse o evitarse. El experto en literatura árabe, Marcelino Villegas, considera que Calila y Dimna va más lejos: destaca -en épocas tan tempranas- la semilla narrativa, “la ambición de adquirir y transmitir sabiduría desde la imaginación”. Y añade: Es la ficción como registro y revelador de la realidad; el modo urgente y enérgico de incitar a la comprensión; la sabiduría como equilibrio con los imponderables del mundo.

Los personajes de este libro transmiten conocimientos, máximas, lecciones, recurriendo a la frase: “Te he contado esta fábula para que entiendas que…”:

“…hay ardides que se vuelven contra el que los ha ideado” (chacal, en El león y el buey);
“…la astucia consigue lo que no consigue la fuerza” (Dimna, en El león y el buey);
“…toda cosa tiene su momento y aquello que no se hace en su momento no resulta bien” (ratón, en El ratón y el gato).
“…nadie está a salvo de la maldad del malo, pues cuando éste es incapaz de hacerla personalmente la causa” (Dimna, en El león y el buey);
“…el hombre prudente y fiel mira por su amigo cuando éste yerra y comprende el alcance de su error, tanto si fue intencionado como si fue fortuito, para considerar luego si en perdonarlo habrá daño o desdoro y nada reprochar al amigo si hay modo” (Xenceba, en El león y el buey);
“…el ansia y el anhelo son la causa de la mayor miseria en el mundo, pues sin cesar llevan a quien los siente de una cosa a otra y las cosas jamás se colman ni se acaban. Por eso el hombre mundano sufre siempre pesar, fatiga y desencanto” (ratón, en La paloma collarada);
“…quien se deja engañar y envolver por las palabras del enemigo pierde la decisión y se vuelve más enemigo de sí que el propio enemigo” (Fanza, en El rey y el pájaro Fanza);
“…la instrucción reduce la intemperancia en el prudente pero la aumenta en el necio” (Calila, en El león y el buey);
“…en el mundo hay dos clases de personas con las que conviene relacionarse y de las que conviene ser amigo: las capaces de sentir y las capaces de dar. Las personas capaces de sentir son francas, las capaces de dar son cooperadoras y buscan ser útiles. Quienes entablan amistad por el provecho, sólo buscan el bien propio” (ratón, en La paloma collarada);
“…es cierto que ni la precaución ni la vigilancia pueden nada contra lo que se ha decretado, pero quien es prudente procura conjugar el respeto al destino con la decisión y la fuerza” (Fanza, en El rey y el pájaro Fanza);
“…el entendimiento se asemeja al mar, dado que nadie puede calibrar su profundidad y las dificultades no llegan a dominar y a destruir a quien verdaderamente tiene ideas, pues sabe bien que nunca debe perder la esperanza ni tampoco dejar que le desborde, le embriague, le domine” (ratón, en El ratón y el gato).

Por lo general, la literatura sapiencial contaba con un prólogo novelesco que servía de soporte al contenido, articulado sobre la base de preguntas y concisas repuestas fáciles de memorizar.

Una larga influencia

Antes de que fueran reunidas y ordenadas por Benalmocaffa, estas antiguas historias ya habían traspasado las fronteras de la India y circulaban en diversas culturas, influyendo sobre múltiples escritores que las reproducían, las adaptaban o retomaban el estilo narrativo para nuevas obras. Marcelino Villegas identificó esta continuidad y permanencia en:

Textos evangélicos de Mateo (siglo I),
Epístolas de “Los hermanos de la pureza” (siglo X),
Libro de Picatrix, atribuido a Maslama al-Mayriti (siglo XI),
Libro de los engaños, o Sendebar (siglo XIII)
Libro de maravillas, de Ramón Llull (fines del siglo XIII),
El conde Lucanor, de don Juan Manuel (siglo XIV),
El libro del Buen Amor, de Juan Ruiz Arcipreste de Hita (siglo XIV),
El Patrañuelo, de Joan Timoneda (siglo XVI),
Fábulas de Jean de Lafontaine (siglo XVII),
Cuentos de Charles Perrault (siglo XVII),
Fábulas, de Félix María de Samaniego (siglo XVIII),
El libro de las tierras vírgenes, de Rudyard Kipling (siglo XIX),
Los cuentos maravillosos españoles, de Antonio Rodríguez Almodóvar (siglo XX), entre otros.

Este académico señala diferencias sustanciales en las variaciones: “En Calila y Dimna hay reducción y concentración de rasgos; en las fábulas de los siglos XVII-XVIII hay simplificación, insistencia y desdén”.

Pero por encima de los matices, Villegas advierte que lo esencial no ha sido suficientemente analizado y discutido: “hasta qué punto Calila y Dimna estimuló el deseo de narrar en las literaturas europeas medievales”.

Espejo de príncipes

En sus orígenes, la literatura sapiencial estaba dirigida a la élite gobernante, a su corte y a los poderosos, como un ideario de modelos de conducta.

Lacarra y Cacho Blecua refieren: “Desde el punto de vista de la organización, Calila y Dimna comporta un modelo completamente diferente al de las recopilaciones de cuentos promovidas por la Iglesia –los ejemplarios-. Sus dieciséis capítulos se inician con un marco dialogado en el que conversan un rey y su filósofo. Por versiones no castellanas sabemos que el monarca ha ido rectificando sus injustas costumbres de gobierno tras atender los consejos de su filósofo y que ahora desea seguir aprendiendo en práctica política, con temas como los consejeros traidores, los buenos o falsos amigos, el peligro de una acción apresurada, etcétera”.

Se ha dicho: Júntate con el prudente, el generoso y el de buena condición, compórtate de acuerdo con ellos y cuidando nunca desviarte de ellos… Se debe evitar rigurosamente al ruin y al estúpido… (Calila, en El león y el buey).

Los reyes –y cualquiera otro- deben hacer favores a aquellos de quienes esperan agradecimiento, franqueza y honestidad, sin mirar que sean parientes o privados suyos. Cuando honran deben hacerlo con generosidad regia, pero sólo cuando hayan comprobado en todos –pequeños y grandes- la medida con que saben agradecer y querer o traicionar. Sólo entonces deben favorecer a cada uno según lo que a su ver merezca… (Paydeba, en El peregrino y el orfebre)

Es obligación de quienes rodean al poderoso incitarle a cuanto acrece y depura su poder y desalentarle de lo que le dañe y menoscabe… (Dimna, en El león y el buey)

Cuando alguien llama a la puerta del rey deben considerarse las expectativas que lo han llevado allí o que postula, o que es sabido que anhela y ansía, o que derivan de algún daño o estrechez que haya sufrido o de algún crimen que haya cometido, o de algo por que teme castigo o en que prevé recibir daño del rey, o la conmutación de un privilegio en carga o en que espera obtener la paz si era enemigo, o declarar la guerra al rey si era amigo… El poderoso no debe mostrar largueza ni confianza ni descuido en ningún caso… (león, en El león y el buey)

La autoridad del poderoso se puede degradar por seis motivos: el aislamiento, el desorden, la entrega a los deseos, la rudeza, la edad y la torpeza… (Dimna, en El león y el buey)

Está dicho que no hay nada tan dañoso para los poderosos como un consejero que dice pero no hace bien, porque el decir sólo es beneficioso con el hacer, el considerar con el practicar, el dinero con la generosidad, el amigo con la lealtad, la inteligencia con la piedad, la limosna con la intención y la vida con la salud… (Calila, en El león y el buey)

Lacarra y Cacho Blecua indican que, desde su origen, “Calila y Dimna, al igual que el Sendebar, ha estado vinculado al género de los ‘espejos de príncipes’, ya que una parte de sus historias se centran en las artes de gobierno y advierten contra los peligros del mundo cortesano; de ahí el interés de infantes o monarcas por su transmisión”. Ambos académicos refieren que las citas y testimonios de inventarios indican que por largo tiempo este libro siguió interesando en ámbitos regios y nobiliarios.

El ministro que aconseja al rey la guerra cuando podría lograr lo mismo pacíficamente es peor enemigo que el enemigo… (Calila, en El león y el buey)

No conviene a nadie guerrear con enemigo más fuerte. Pues se ha dicho: ‘Quien no se conoce a sí mismo ni conoce a su enemigo, y se pone en guerra con quien le supera, se arruinará’. Además, la persona de entendimiento no hace pequeño a ningún enemigo… (consejero, en Los búhos y los cuervos)

Has de saber que la agudeza, el entendimiento, la soltura y el mérito del emisario dan razón de quien le ha enviado. Extremar la habilidad, la afabilidad, la benevolencia y la serenidad es cosa tuya, porque el emisario ablanda los corazones si se comporta con comedimiento y los endurece si se muestra rudo… (rey, en Los búhos y los cuervos).

Lo han dicho los sabios: Conviene que el rey preserve sus asuntos de todo posible maldiciente y que ninguno de éstos tenga en ningún modo acceso a ningún punto secreto. Asimismo se ha dicho: Todo varón debe cuidarse del enemigo en todo extremo… Y aun en la cosa segura y sana por dentro y por fuera debe precaverse, pues el enemigo sólo le alcanza por aquellos lados en que se confía… (cuervo, en Los búhos y los cuervos)

Las personas de entendimiento más loable son aquellas que cuando sufren desgracias se cuidan de escuchar más y mejor a los prudentes, de modo que lleguen a salvarse de la desdicha con industria, inteligencia, reflexión y consejo… ¡No dejes que se apoderen de ti la preocupación y la pena, que sólo aflojan el cuerpo y aventajan al enemigo!… (Irajt, en Ilad, Bilad e Irajt)

¡Viváis, señor, mil años y gobernéis los siete climas!… ¡Que con el refrendo del Poder y la Voluntad alcancéis perfecta mesura, saber, agudeza, entendimiento y contención!… (Paydeba, en El hijo del rey y sus compañeros)

El espejo en español

María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho Blecua apuntan que fue hacia 1251 cuando, siendo todavía infante, el futuro rey Alfonso X patrocinó la traducción de Calila y Dimna. “La versión castellana medieval, sin cambios ni adiciones relevantes, supone una experiencia literaria que enseñará unos nuevos modos de contar y de organizar los relatos, cuyas huellas se descubren directa o indirectamente en Zifar o El conde Lucanor”.

Sólo tres piden lo imposible: quien sin haber sido temeroso de Dios pretende la misma recompensa que los justos, el avaro que con su avaricia pretende ganar fama de generoso y el perverso que derramando sangre inocente espera que su alma vaya con la de los bienaventurados… (Ilad, en Ilad, Bilad e Irajt).

Más aún, Calila y Dimna “ayudó a la configuración del discurso prosístico y narrativo del siglo XIII”. Pero no todo quedó en una influencia literaria. “Para Alfonso X y para los lectores coetáneos, además de colecciones de fábulas o proverbios, correspondían a unas guías de conducta que afectaban a los gobernantes y a sus súbditos. El afán por traducirlas se inscribe dentro del ambicioso proyecto alfonsí por construir una corte letrada y por contar con una literatura sapiencial, en la que se establecieran unas pautas de conducta ética más allá de la esfera religiosa”, señalan Lacarra y Cacho Blecua.

Ambos académicos indican que esta literatura sapiencial creó una tradición que se difundiría en la Península a partir del siglo XIII con obras que remiten al mundo oriental, como Calila y Dimna, Sendebar o Barlaam e Josafat, entre otras.

Se ha dicho que en todo bien hay mal y que el mal de la inteligencia es el engreimiento, el de la hermosura la presunción, el de la mesura la sumisión, el de la prosperidad la avaricia, el de la generosidad la prodigalidad, el de la modestia la flojedad… (Calila, en El león y el buey).

Marcelino Villegas refiere que, para finales del siglo XX, ya existían versiones y adaptaciones en 32 lenguas de Calila y Dimna.

Y es que esta obra no es una reliquia literaria. Es cierto que refleja antiguas y rígidas nociones sociales y políticas (“en el asunto a que nos referimos sólo el Divino Poder puede ser eficaz, no las personas, pues lo menor no tiene modo de inmiscuirse en lo mayor y superior”). No obstante, muchas de sus máximas y sentencias conservan plena vigencia. Una muestra es el juicio a Dimna y las tres ventajas que reportaría esclarecer ese caso, a decir del juez: la primera, la más importante, impedir que quede impune un daño ocasionado a base de mentiras y calumnias; la segunda, que el culpable reconozca su culpa (lo cual le podría hacer merecedor de la absolución); y la tercera, controlar a quienes infringen las leyes y evitar que se beneficien con el engaño e incluso se ganen la simpatía de la sociedad. Este planteamiento es rotundamente actual.

“Hay tres cosas que el prudente debe tener en cuenta y a las que debe dedicar su esfuerzo. La primera, reflexionar en lo dañoso y lo provechoso que hubo en el pasado, por guardarse de que vuelva a ocurrirle el daño que ya le ocurrió, por procurar y facilitar la obtención de provecho como el que gozó. La segunda, examinar las tendencias constructivas y destructivas que hay en él, para que reafirme lo útil y pueda zafarse de lo nocivo. La tercera, prever el futuro, para así facilitar con el esfuerzo el logro del bien que desea y prevenir que acaezca lo que teme”.

Esta sabia reflexión es de Dimna, pero él mismo no la supo aplicar a su propia experiencia, pues a pesar de su gran ingenio fue dominado por la codicia. De esta manera evidenció cuán difícil es expresar con el ejemplo personal todo el conocimiento alcanzado acerca de la vida y la fortuna.

[ Gerardo Moncada ]

Otros libros de Oriente:
La epopeya de Gilgamesh, el origen de la literatura universal.
El arte de la guerra, de Sun Tzu.

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