Homero Aridjis, un fuego reflexivo

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Nació el 6 de abril de 1940. Fue reconocido como uno de las grandes poetas jóvenes en la década de 1960. Posteriormente amplió su campo de actividades a la novela, el activismo ambiental y la diplomacia.

Con tan solo 24 años de edad, Homero Aridjis obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, otorgado cada año al mejor libro editado en México, por su extenso poema Mirándola dormir.

Para entonces ya había llamado la atención de poetas maduros como Octavio Paz, que para 1966 escribió: “Montes de Oca y Aridjis encarnan la audacia y el movimiento y son, hasta ahora, los que han escrito los poemas más originales de la nueva generación”.

ANTES DEL REINO (fragmento)
Antes del reino
de las aldeas flotantes
de los pies mensajeros
ya eras tú primera sombra
el presagio desatándose
en lenta destrucción de ángeles
ya eras la mano ya la espada
y el rostro los dos rostros
y el cinturón que anuda los vientos contrarios

ya eras la ventana última
los ojos últimos
el incendio de luz
la noche sucia
con toses de enferma por las calles

eras tú misma
y tu doble atrás como un espía

Antes del reino
todavía no eras tú
sólo premonición
y ya eras la presencia
la señal como saludo
los cuerpos
la cópula cayéndose a pedazos

La crítica afirmaba que la obra de Aridjis era un diálogo íntimo con la mujer amada en el que se creaba, se destruía y se recreaba el acto amoroso como ansia de eternidad y anticipación de la muerte. Su trayectoria alcanzó plenitud con Antes del reino (1963).

MIRÁNDOLA DORMIR (fragmento)
Ay de ti que duermes navegando.
Como el pájaro que duerme con los ojos abiertos.
Con la imperfecta serenidad de la que irradia perfectamente transtornada.
Con las manos tensas y el mentón altivo; los ojos un poco inclinados hacia adentro, un poco de soslayo, un poco a la manera del que mira sin mirar.
Con los senos de fuego, altisonantes.
Con los poros de la ternura violentada, activos resoplando.
Y los dedos sobre extensiones carnales y perdidas, en pulcritudes domésticas y bárbaras, sobre juegos de azar y de certeza.
[…]
Pero no creas demasiado en la irrealidad de las cosas.
Ahí sólo el polvo.
Aunque mira, mira, sólo el amor y el dolor tenemos, y lo demás es polvo.
Aunque quema.
[…]
La noche crece ahora más allá de tus manos; abril también germina: noctámbulo y perdido, el tiempo que bosteza ha de expresar tu boca.
Sueña el dolor con una celeste hechicería, y cualquier hombre tiene más de silencio que un panteón ausente.
La tierra huele hoy a viento enrarecido, a Berenice bajando por un sueño; un tren pasa a lo lejos encendido y liviano.
Mañana me dirás que miraste la noche, que miraste su cuerpo: extraño y sometido, curiosidad antigua con dos senos que vibran.
Mañana me dirás que no existe el mañana.
[…]
Mañana me dirás que su cuerpo fue tuyo, que bastaba lo extravagante para hacerla reír, que bastaba el ahora, que bastaba el otoño, que bastaban tú y ella.
Te veo aquí sonriendo, imagen del espejo.
[…]
Mañana me dirás lo que no sabes, lo que has visto vivir en otros pechos, la pareja que se lleva el amor a los rincones y esconde el amor bajo los puentes.
Mañana en la ciudad humeante, alto y huesudo y melancólico, oculto y desaliñado y mentiroso, dirás tu mandamiento; inaudible por tu risa, exacto cuando el camino de tu burla se equivoque, recordable ante todo por lo inútil de ser y postergarse.
Vasta visión para tan vasta pérdida.
Mañana me dirás que el mañana ha pasado.

En torno a Mirándola dormir, Octavio Paz escribió: “En la poesía de Homero Aridjis hay la mirada, el pulso del poeta, hay el tono inconfundible de aquel que tiene necesidad de decir y que sabe que todo decir es imposible; hay la palabra plena y la conciencia de la oquedad de la palabra; hay erotismo y también amor; hay el tiempo discontinuo de la vida práctica y racional y la continuidad del deseo y de la muerte; hay la verdad original del poeta”.

ENTRE AVES
entre nubes
vieja mujer el alma

ven   señora   ven
descansa de infinito

BUEN SITIO ES EL ALMA PARA LA POESÍA
de ella ha salido y es justo que a ella vuelva
con el mismo temblor que era pulsada
y los mismos ojos que la vieron erguirse

el dolor en ella restañó las palabras
la alegría en ella se repitió tantas veces
como un río se recorre   se ocultó tantas veces
como la verdad suele hacerlo

con la breve premura de su canto
instauró en el aire un reino
donde las llamas pudieron ser criaturas
y las criaturas sombra doliente de la santidad

voló toda la vida sin despegar las alas
llegó todo el tiempo sin aparecer del todo
estableció aquí la raíz allá el amor
sobre la hierba lo visible lo invisible de un ángel

abrió todos los ojos   habló en todas las bocas
colgó como una hoja en la verde maravilla del árbol
su vestido fue un templo   su sueño fue este mundo

LA PALABRA
lleva el sol
lleva la virgen

lleva el pan
la comunión
y lo que invoca

es la dominadora
la que junta

vive en muchas moradas
entra en muchas formas

sopla desde el fondo del agua
silenciosa

sube de todas partes
quema y nombra

En el prólogo al célebre compendio Poesía en movimiento (1966), Octavió Paz asoció el lirismo de Homero Aridjis con “lo venidero y sus figuras nebulosas”, y con el elemento fuego: “siempre lanzado hacia afuera, ávido de tocar la realidad y siempre llenas de humo las manos rojas” […] “Aridjis ha proclamado la supremacía del amor, y la mujer es su horizonte y su espejismo. Su poesía son las huellas rojas y negras que deja el fuego en su carrera”.

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QUEMAR LAS NAVES
para que no nos sigan
las viejas sombras por la tierra nueva

para que los que van conmigo
no piensen que es posible
volver a ser lo que eran
en el país perdido

para que a la espalda
sólo hallemos el mar
y enfrente lo desconocido

para que sobre lo quemado
caminemos sin miedo
en el aquí y ahora

Aridjis

En la presentación de la recopilacion Obra poética 1960-­1986, Alberto Ruy Sánchez escribe: “El poeta viajero del alma, de la mirada, de la atracción de los cuerpos, el protagonista plural […] se desplaza rápidamente y nos asombra: su poesía es una erótica rayada de velocidad mística pero es a la vez una mística empapada de pasión por las cosas”. Añade que notables escritores han escrito sobre Aridjis destacando principalmente “la luz, el tacto, el erotismo, el fuego de su poesía”.

UN POEMA
1
Un poema es una suma de hombres y una combinación de palabras.

2
Con las palabras asumimos la historia.
Con el poema asimos la vida.

3
El poema hecho, como el momento vivido, entra en una forma inalterable, en una condición irreversible.

4
En la condición irreversible de los momentos humanos.

5
En la condición evasiva de las cosas del mundo.

6
Todo poema fluye (huye).

7
En un mundo de sucesión, las palabras se suceden para captar el mundo.

8
El poema sucede en un espacio verbal, en el que el ser abstracto se materializa un momento.

9
El poema es la manifestación concisa del ser, es la exteriorización organizada de sus tensiones.

10
El poema es la euforia del ser.

11
El poema absoluto es la suma de todas las palabras.

12
Hecho el poema, el poeta desaparece.

13
Pensar para llegar a lo impensado.

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De perfil

El padre de Homero Aridjis combatió en la Primera Guerra Mundial. Decidido a convertir la sobrevivencia en una condición permanente, abandonó su natal Grecia para viajar al otro lado del mundo y terminó instalándose en Contepec, un pueblo de Michoacán.

Ahí nació Homero, cuya infancia fue marcada por un dramático accidente que definió su vida. Una travesura con una escopeta terminó en un disparo que le cercenó dos falages de la mano derecha. Durante la hospitalización, su padre le compró libros de literatura clásica los cuales despertaron en Homero una avidez insospechada por la lectura y una precoz necesidad de escribir. A partir de entonces, su madre solía decir: “En ese accidente murió el niño y nació el poeta”.

[Gerardo Moncada]

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